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La mejor fórmula para consolar con palabras

Si queremos consolar a alguien no le debemos decir qué debe hacer, sino dejarle que exteriorice sus emociones.

[Unsplash/Instituto Nacional de Cáncer]

Todos hemos pronunciado alguna vez frases como «¡Ánimo!» o «No te lo tomes tan en serio» cuando hemos querido consolar a un amigo. Xi Tian y otros científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania han investigado por qué estos consejos bien intencionados pueden resultar contraproducentes. También han descubierto cómo podemos actuar mejor en esos casos.

A través de un cuestionario en línea, pidieron a 325 adultos casados que recordasen una disputa con su pareja. Los investigadores propusieron a cada uno de los participantes seis mensajes de ánimo que se diferenciaban en el sentido personal de su formulación. Así, un enunciado muy centrado en la persona se caracteriza por respetar los sentimientos del otro: «Siempre es duro pelearse con una persona que es importante para ti. Entiendo que pueda perturbarte». Por el contrario, un mensaje menos centrado en el individuo enjuicia los sentimientos del otro: «Él/ella no se merece que te disgustes tanto. Deja de estar tan triste».

Los participantes tenían que imaginarse cómo habría sido si un amigo o amiga hubiera intentado consolarlo con una de esas fórmulas. Los mensajes menos centrados en la persona se consideraron condescendientes y poco útiles para aliviar la carga emocional; antes bien, provocaban una postura autodefensiva. En cambio, los voluntarios calificaron de positivas las frases empáticas, que reconocían los sentimientos del otro.

En conclusión, si queremos consolar a alguien, no debemos decirle lo que debe hacer o sentir («Deja de pensar en eso»), sino que, según los científicos, deberíamos animarlo a que hable de sus emociones y saque sus propias conclusiones.

Fuente: Journal of Communication, 10.1093/joc/jqz040, 2020

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