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Las infravaloradas secuelas del traumatismo craneoencefálico

Tras un traumatismo craneoencefálico leve o una conmoción cerebral, muchos ­pacientes son enviados a casa para que guarden reposo y los cuiden: el tiempo hará el resto. Sin embargo, muchos afectados sufren molestias y deficiencias cognitivas bastantes meses después de la lesión.

Getty Images / KatarzynaBialasiewicz / iStock

En síntesis

En los países de la Unión Europea, cada año se registran más de 1,5 millones de personas con un traumatismo craneoencefá­lico (TCE). Los motivos pueden ser variados: accidente de tráfico, caídas, maltrato, etcétera.

Con frecuencia se aconsejan a los pacientes de TCE leve que guarden reposo durante un par de días, ya que la lesión se curará pronto por sí sola. Sin embargo, en algunos afectados los síntomas ­persisten durante tiempo.

Hasta ahora, la terapia se limitaba a paliar los síntomas. Ofrecer al afectado información sobre el trastorno y consejos para lidiar con las molestias podría mejorar su ­estado psíquico.

Más de 1,5 millones de personas ingresan cada año en algún hospital de la Unión Europea con un traumatismo craneoencefálico (TCE). No importa el sexo o la edad, cualquier humano puede presentar este tipo de daño cerebral: adultos jóvenes que han sufrido un accidente de tráfico o han sido víctimas de un acto violento; personas mayores que han perdido el equilibrio y caído en casa; niños que han tropezado y rodado por la escalera o bebés que, en un descuido de un segundo por parte del adulto, han resbalado del cambiador. Tan variadas son las causas de los TCE como sus consecuencias. Algunos afectados vuelven a casa tras la exploración médica; otros permanecen durante un tiempo en la unidad de cuidados intensivos y, posteriormente, pasan varios meses en una clínica de rehabilitación.

Al principio, la sintomatología de unos y otros se asemeja. Se caracteriza por una breve y constante pérdida de consciencia justo después de la lesión craneal, así como pequeñas lagunas de memoria. Muchos pacientes experimentan, además, mareos, cefalea y malestar; algunos, también sufren vómitos. Otros se desorientan durante un breve período, presentan trastornos de visión o reaccionan con sensibilidad a los ruidos fuertes o la luz intensa. Asimismo, los sentidos del olfato y el gusto pueden deteriorarse de manera temporal. Los médicos distinguen tres grados de traumatismo craneoencefálico: leve, moderado y grave. Desde hace tiempo se sabe que los TCE graves acarrean consecuencias complejas y de larga duración, pero los recientes hallazgos demuestran que incluso un único TCE leve (también denominado conmoción cerebral) puede propiciar secuelas decisivas para el afectado. A veces, las molestias persisten incluso de por vida.

La gravedad del TCE depende de la fuerza con la que el cerebro se ha golpeado contra el cráneo y de los daños que se producen en el tejido cerebral. Los médicos utilizan la escala de coma de Glasgow para explorar el estado de consciencia del paciente. Comprueban el impacto que la lesión ha originado en el afectado: «¿Cuánto tiempo ha estado o lleva inconsciente?» «¿Puede abrir los ojos y mover los músculos?» «¿Reacciona cuando le hablan?» Cada repuesta se valora con un determinado número de puntos; a partir de la puntuación total, se establece la gravedad del TCE.

Secuelas tras un daño cerebral leve

Por lo común, cuanto más baja es la puntuación en la escala de coma de Glasgow, mayor gravedad reviste la lesión cerebral. Ante un resultado de entre 3 y 8 puntos, el médico diagnostica un TCE grave: el afectado suele permanecer inconsciente durante más de 30 minutos después del impacto. De 9 a 12 puntos se corresponden con un TCE moderado. En este caso, la pérdida de consciencia dura entre cinco minutos y media hora. Y si se obtienen valores entre 13 y 15 puntos, se habla de un TCE leve o de una conmoción cerebral: los afectados pierden la consciencia durante un breve espacio de tiempo o no se quedan en ningún momento inconscientes. En la clínica, los médicos utilizan también técnicas de neuroimagen para determinar la gravedad del traumatismo. Los escáneres por tomografía computarizada (TAC) permiten detectar contusiones, hematomas o hemorragias en el cerebro. Con todo, estos métodos suelen emplearse solo cuando el daño cerebral parece grave.

Por norma general, se estima que las conmociones cerebrales constituyen alrededor del 80 por ciento de los traumatismos craneoencefálicos. El 20 por ciento restante se reparte, mitad y mitad, entre TCE moderados y graves. Durante mucho tiempo se ha considerado que la mayoría de los pacientes con lesiones leves no tiene nada que temer tras un par de días de reposo. La conmoción cerebral se cura por completo con rapidez y, por lo común, no aparecen secuelas, establecía hasta ahora la opinión consensuada de los expertos.

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