Aprender sin lastrar la mente

Nuestro rendimiento a la hora de asimilar nueva información no solo depende del contenido, sino también del tipo y la calidad de la fuente. ¿Cuál es la mejor forma de evitar la sobrecarga cognitiva?

En síntesis

El éxito en el aprendizaje no solo depende de la complejidad y extensión de los contenidos: la presentación del material didáctico también ejerce una gran influencia.

Las fuentes de información mal organizadas elevan la carga cognitiva, ya que fomentan que el alumno deba cribar lo importante de lo irrelevante con mayor frecuencia.

La autogestión consciente puede ayudar en estos casos, por ejemplo, mediante la detección de la información relevante, a descubrir las redundancias y evitar la distracción con detalles superfluos.

Ha llegado el día. Toca prepararse para el examen. Leonor se pone manos a la obra. Se abastece de diversos materiales del seminario de biología: dos manuales, las anotaciones y ejercicios en clase... y los apuntes de una amiga que aprobó la misma evaluación el año pasado. Todo un arsenal para afrontar la prueba sobre el aparato digestivo con éxito. ¿Seguro? Tal cantidad de datos hará que Leonor no solo deba enfrentarse al reto de comprender y memorizar el material del examen, sino que también tendrá que ordenar las diversas fuentes de información y combinarlas con sensatez.

Apuntes, fichas, ejercicios, gráficos, ilustraciones y una tableta digital con enlaces útiles. ¿Qué datos encajan entre sí? ¿Qué informaciones se solapan, complementan o duplican? ¿Se contradicen en algunos puntos? ¿Qué debe saber Leonor para aprobar el examen? Estas consideraciones exigen a la memoria operativa de la estudiante un mayor esfuerzo del que ya supone, de por sí, memorizar lo aprendido durante el seminario.

Cuando asimilamos nueva información, siempre se produce una carga cognitiva. Si esta resulta demasiado elevada, el éxito del aprendizaje puede mermar. De ahí la importancia de que organicemos el material didáctico de forma que esta carga permanezca baja y tengamos a nuestra disposición la mayor capacidad posible para almacenar nuevos conocimientos.

Diferentes formas de carga mental

A finales de la década de 1980, el psicólogo John Sweller describió en su influyente obra Cognitive Load Theory («Teoría de la carga cognitiva») la existencia de tres principales tipos de «lastre» para la mente durante el aprendizaje. En primer lugar, se encuentra la llamada carga cognitiva intrínseca, que resulta de la complejidad de la materia a estudiar. El conocimiento previo del alumno desempeña un papel importante en este punto: una misma tarea puede suponer una carga cognitiva alta para los principiantes, mientras que los estudiantes más avanzados apenas presentarán problemas.

En segundo lugar, la carga cognitiva extrínseca, en cambio, depende sobre todo del tipo y de la configuración del material que se utiliza para estudiar. La información irrelevante, redundante o distractora hace crecer rápidamente esta forma de tensión mental.

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