¿Cuánto dolor sienten los bebés?

Se creía que los recién nacidos no experimentaban dolor. Hoy se sabe que muchos bebés son incluso más sensibles a los estímulos dolorosos que los adultos.

Los bebés no saben verbalizar lo que sienten, por ello utilizan el lenguaje corporal y las expresiones faciales para transmitirlo. [PEOPLEIMAGES / GETTY IMAGES / ISTOCK]

En síntesis

Hace tan solo 40 años, se creía que el sistema nervioso de los lactantes no poseía la madurez suficiente para procesar los estímulos dolorosos. Por ello, se solía operar a los bebés sin usar anestesia.

Los estudios con neuroimagen revelan que el cerebro de los bebés responde al dolor de forma similar al de los adultos. También modifican notablemente su conducta cuando sienten dolor.

El uso de analgésicos es arriesgado en los recién nacidos. En las intervenciones clínicas menores, las medidas no farmacológicas, como el contacto piel con piel, suelen proporcionar alivio suficiente.

A un bebé le cuesta hacerse entender. Si grita a todo pulmón, las personas de su alrededor no saben el motivo de su desa­sosiego: ¿Estará hambriento? ¿O quizás esté cansado? ¿Tendrá demasiado calor? ¿Le molesta el ruido? Hasta la década de 1980, los médicos pensaban que los recién nacidos apenas sentían el dolor. Según argumentaban, su sistema nervioso era todavía demasiado inmaduro, por lo que no podía registrar ni procesar los estímulos dolorosos de manera adecuada. Además, solían evitar medicar a los lactantes ante los posibles riesgos que la administración de fármacos podía comportar a edades tempranas. Y no pocas veces extraían muestras de sangre o se operaba a los neonatos sin utilizar anestesia ni analgésicos.

Cuando nacemos, nuestros circuitos cerebrales no se han desarrollado por completo. De hecho, muchas vías neuronales no se forman hasta las primeras semanas o los primeros meses de vida. En este período, el organismo aprende, poco a poco, a procesar los estímulos sensoriales (visuales, auditivos y táctiles). Así pues, la idea de que los recién nacidos perciben el dolor de manera distinta a la de los adultos no parece descabellada. Pero ¿en qué se diferencia su experiencia del dolor de la de un adulto?

La cuestión no es baladí. Algunos recién nacidos reciben tratamiento y atención en unidades de cuidados intensivos neonatales; a veces durante meses. También suelen extraerse unas gotas de sangre a los bebés en sus primeros días de vida para el cribado neonatal (casi siempre como parte de la segunda revisión pediátrica). El médico o la enfermera les pincha en el talón del pie o el dorso de la mano hasta que brota un poco de sangre.

Desde hace tiempo, los científicos investigan cuánto dolor causan esas intervenciones en los lactantes. Maria Fitzgerald, del Colegio Universitario de Londres, es pionera en este terreno. En la década de 1980, sus experimentos con ratas revelaron que el sistema nervioso de los mamíferos procesa el dolor al poco de nacer.

Poco después, Ruth Grunau y Kenneth Craig, del Hospital Universitario de la Columbia británica, publicaron un estudio en el que filmaron la cara de neonatos con dos días de vida mientras les extraían sangre. Según comprobaron, los recién nacidos mostraban una determinada expresión facial tras recibir el pinchazo: apretaban con fuerza los ojos, fruncían las cejas, abrían mucho la boca y tensaban la lengua. Muecas de dolor similares se habían registrado previamente en adultos, pero difícilmente podían ser aprendidas en los neonatos, dada su escasa edad, apuntan los investigadores. En otras palabras, ese comportamiento obedecía a una sensibilidad al dolor.

«Los recién nacidos perciben los estímulos dolorosos, pero no los pueden verbalizar», indica Christiane Hermann, profesora de psicología clínica de la Universidad Justus Liebig de Giessen e investigadora de la sensibilidad al dolor en los niños. «Los bebés nacen con un sistema de procesamiento del dolor inmaduro. Hoy sabemos que eso les hace especialmente sensibles».

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