La timidez del violeta

Cómo los pintores impresionistas pusieron de moda un color inusual.

Flores de glicina violetas sobre una toalla púrpura. [Cortesía de Allen Tager]

Cuando Allen Tager recuerda su infancia en la Unión Soviética durante la década de 1960, sus memorias se tiñen de color violeta. Este estadounidense de origen ruso, artista y científico cognitivo, recuerda: «Teníamos un solo color de tinta, el violeta, que conservábamos en unos tarros de cristal que se volcaban constantemente. Mis manos, el uniforme escolar y los libros de texto estaban siempre cubiertos de manchas violetas». No obstante, fuera del aula de clase, de manera inexplicable, el color no se hallaba presente en los objetos familiares ni en otros elementos cotidianos. Años después, Tager se enamoró de las pinturas del artista ruso Mikhail Vrubel (1856-1910), pero sus compañeros de estudio de arte lo disuadieron para que no crease «una armonía violeta similar», y le pidieron que volviese a pintar las sombras violetas en tonos púrpura más modernos (A).

Impresiones violetas

Tager estuvo dándole vueltas a la cabeza durante buena parte de su vida a la aparente impopularidad del violeta frente al púrpura, hecho que le llevó a viajar durante unos veinte años, recorriendo 193 museos repartidos en 42 países. La búsqueda de Tager atravesaba tanto el tiempo como el espacio, dando lugar al análisis del color de las pinturas desde el Antiguo Egipto y Mesopotamia hasta sus equivalentes contemporáneas, pasando por todas las eras intermedias. En su búsqueda del violeta, Tager escudriñó 139.892 obras de arte para las cuales empleó 1500 tarjetas del sistema de color Munsell como modelo. Los resultados se publicaron en un artículo en 2018 y fueron sorprendentes: las obras de arte producidas antes de principios de 1860 raramente incluían el color violeta. Incluso los grandes maestros como Jan Brueghel el Viejo (1568-1625) y Jan Brueghel el Joven (1601-1678), expertos en la pintura de flores, raramente se ocuparon de esta tonalidad.

Más tarde, con la llegada de los impresionistas franceses del siglo XIX a la escena artística, la escasez del violeta se transformó en una explosión cultural. El violeta se precipitó en las pinturas (B y C) y, finalmente, fue acogido en la industria textil para ganar mayor presencia en las prendas de vestir de diario y otros tejidos. Tras unos cincuenta años, en los que los críticos habían acusado a los impresionistas de estar obsesionados con el violeta, el color se normalizó en las paletas de los artistas. El proceso por el cual el violeta se extendió a todas las esferas de la vida cotidiana tardó más de un siglo, según afirma Tager. Y ha logrado su vigor completo en fecha reciente.

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