Narcisistas ­inadvertidas

Se considera que el trastorno de narcisismo es más frecuente en los hombres que en las mujeres. Sin embargo, una variante ­patológica a menudo pasa desapercibida en ellas.

Getty Images / alexsokolov / iStock

En síntesis

El narcisismo es un rasgo de la personalidad común que tiene tanto facetas positivas como negativas. Se habla de un trastorno narcisista de la personalidad solo cuando la admiración excesiva por uno mismo provoca sufrimiento y problemas.

El trastorno de personalidad narcisista se diagnostica con mayor frecuencia en los hombres. Ello puede deberse a estereotipos de género y a que las mujeres tienden a una variante de narcisismo patológico que pasa desapercibida.

En el narcisismo vulnerable, los afectados se consideran a sí mismos personas muy especiales. Aunque son muy exigentes, suelen presentar una autoestima baja y evitar las situaciones en las que pueden ser valorados.

Elizabeth Holmes lo logró: con poco más de treinta años de edad se convirtió en la millonaria más joven del mundo. Ocupó las portadas de los periódicos de economía más importantes. Incluso la revista Time Magazine la incluyó en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo. Durante mucho tiempo, se había esperado la llegada de un modelo de mujer emprendedora y poderosa como ella, una empresaria que se codeara con el creador de Microsoft, Bill Gates, con Elon Musk, de Tesla-CEO, y con el fundador de Apple, Steve Jobs (1955-2011). Este último era el gran ejemplo a seguir para Holmes, no solo en el plano profesional, sino también en el de la moda: a menudo vestía un jersey de cuello vuelto negro, como Jobs.

La idea de Holmes prometía ser tan revolucionaria como la del teléfono inteligente: un nuevo sistema de análisis sanguíneo debía aportar múltiple información con tan solo una pequeña muestra de sangre. Así, podía detectar virus, anticuerpos y marcadores de cáncer, además de diagnosticar más de cien enfermedades en escasos minutos. Con el fin de llevar a cabo este plan, Holmes interrumpió sus estudios de ingeniería química en la Universidad Stanford y fundó la empresa emergente Theranos. Segura de sí misma, carismática y con sus grandes ojos azules, convenció y consiguió apoyos sustanciosos. El magnate de la prensa, Rupert Murdoch, la ministra de Educación de Estados Unidos, Betsy DeVos, el antiguo ministro de Asuntos Exteriores de EE.UU., Henry Kissinger, entre otras muchas personas, invirtieron millones en su empresa.

Pero surgió un inconveniente: el venerado sistema de análisis de sangre de Theranos, que debía revolucionar el diagnóstico médico, nunca funcionó. Holmes consiguió engañar durante años al público y poner en circulación el aparato inservible. Los pacientes recibían resultados de pruebas falsos. Cuando los trabajadores de Theranos acudieron a la prensa en 2015, explotó la burbuja. Todo había sido un gran espectáculo. Al parecer, Holmes había pretendido que se la considerara una niña milagro a todo precio. No parecía importarle que, por culpa de su ego, muchas personas resultaran perjudicadas. El poder y el éxito se convirtieron para ella en una finalidad en sí misma. Muchos expertos sospechan que detrás de su comportamiento egocéntrico y manipulador se oculta una inclinación al narcisismo. El caso de Holmes provocó un gran escándalo, no solo por la insolencia del fraude, sino también a causa del sexo de la autora.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.