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La primera impresión puede proporcionarnos mucha información sobre un congénere: su sexo, origen y, eventualmente, incluso su carácter. Además, el cabello, la postura corporal y el cutis nos aportan pistas sobre su edad. Ahora bien, ¿es posible que aparte de las canas y las arrugas de expresión existan otras características que nos ayuden a identificar cuántos años tiene una persona?

Según se ha comprobado, podemos estimar con bastante exactitud la edad de un desconocido: por lo general, solemos errar tan solo en unos pocos años. Además, acertamos más cuando se trata de una persona con una edad similar a la nuestra. Pero, en ese caso, no solo nos orientamos a partir de la impresión visual que nos causa, sino también por las señales acústicas. Diversas características de la voz (el tono, el ritmo del habla o un cierto titubeo, entre otras) dependen del estado del tracto vocal y de su fortaleza muscular. Durante la pubertad, la laringe y las cuerdas vocales crecen, lo que provoca que el tono de la voz descienda y la voz suene más profunda. A una determinada edad, los chicos se desarrollan a mayor rapidez que las chicas, por lo que muestran un cambio de voz más marcado.

Pero el desarrollo de la voz no finaliza ni mucho menos en esa etapa de la vida. Con frecuencia, a medida que se envejece, se produce una pérdida del cartílago y del tejido de la glotis, lo que dificulta su control. El deterioro de la dentadura y el uso de una prótesis dental podrían modificar, asimismo, la articulación. Las musculaturas dorsal, respiratoria y del habla también van perdiendo elasticidad con el tiempo. La pronunciación suena, de manera involuntaria, siseante o chirriante. Además, a muchas personas de edad avanzada les resulta agotador cuando los demás hablan con rapidez, razón por la que, en parte, ellos mismos tienden a hablar al ralentí.

Por todo ello, la voz natural proporciona pistas sobre la edad del hablante. Sin embargo, con excepción del cambio de voz en la pubertad, estas transformaciones se presentan de manera progresiva. Y no ocurren igual en todas las personas. Algunas presentan, por naturaleza, una voz más alta; otras hablan de forma más reposada que sus coetáneos ya desde jóvenes. Así pues, no depende únicamente del tono de voz que nos podamos hacer una idea acertada de la edad de un congénere.

Otro motivo se halla en el propio lenguaje. Investigaciones sociolingüísticas demuestran que las personas de mediana edad son las que más utilizan un lenguaje culto. En cambio, los adolescentes, los jóvenes adultos y los mayores se apartan con mayor frecuencia de esta norma, según se refleja en su construcción de las frases, léxico o algunas características de pronunciación (entre ellas, los sonidos vocálicos). Ello explica por qué solemos apreciar peor la edad de una persona cuando habla un idioma que no sabemos. Si bien las particularidades de la voz nos ofrecen indicios sobre la edad del hablante, el conocimiento insuficiente de una lengua nos dificulta distinguir las particularidades sociolingüísticas del hablante.

Junto con Ksenia Gnevsheva, de la Universidad Nacional de Australia, informamos en un estudio publicado en 2020 que un acento extranjero influye en la apreciación de la edad, incluso si ese acento foráneo aparece en el propio idioma. Así, los participantes que tenían el inglés como lengua materna tendían a errar más en la estimación de la edad cuando el hablante conversaba en un inglés con acento japonés que si hablaba en un inglés nativo.

En conclusión, ello apunta a que, junto a las propiedades sonoras de la voz y a la forma de expresarse, la familiaridad con la lengua desempeña un papel importante. Solo cuando todos estos elementos se conjugan podemos hacernos una amplia imagen de nuestro interlocutor. Incluso con los ojos cerrados.

PARA SABER MÁS

Age estimation from faces and voices: A review. Evelyne Moyse en Psychologica Belgica, vol. 54, n.o 3, págs. 255-265, 2014.

Age estimation in foreign-accented speech by native and non-native speakers. Ksenia Gnevsheva y Daniel Bürkle en Language and Speech, vol. 63, n.o 1, 2020.

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