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1 de Marzo de 2010
Aprendizaje

¿Entrenamiento cerebral o camelo?

Pocos estudios señalan mejoras debidas a estos populares programas.
© istockphoto / julie felton (cerebro); © istockphoto (cuerpo)
Los programas de entrenamiento cerebral se abren paso en el mercado, pero las pruebas de que capaciten para reforzar la memoria o aguzar la inteligencia en sentido amplio (y no sólo para realizar mejor la tarea que se está practicando) siguen siendo magras. Sólo algunas investigaciones aprecian indicios de eficacia en ciertos programas; la gran mayoría de los estudios no se muestran tan partidarios.
Peter Snyder, de la Universidad Brown ha examinado críticamente una veintena de trabajos sobre esos programas. En conjunto, establece, resultan más bien decepcionantes. Están cargados de fallos que inducen a confusión, como la inexistencia de grupos de control y de seguimiento, advierte Snyder. Más de una tercera parte de los estudios examinados, muy chapuceros, no merecían siquiera la inclusión en el análisis. Ciertos productos afirmaban servir para el tratamiento para la demencia, pero Snyder no halló prueba alguna que respaldase tales asertos.
Uno de los artículos, sin embargo, sí superaba lo esperado. La Clínica Mayo sometió a examen un programa, Brain Fitness Program, de Posit Science, al que Snyder, en un nuevo estudio, había declarado "el más perfectamente diseñado" de todos los evaluados por él. Los investigadores de la Mayo descubrieron que este programa potenciaba al cerebro en aspectos sin relación directa con el entrenamiento. En lugar de aprender a repetir mecánicamente lo que habían practicado, los participantes obtuvieron mejores puntuaciones en una gama de funciones cerebrales, afirma Glenn Smith, director del trabajo.
Los usuarios del programa reforzaron su memoria operativa --el sistema que retiene por un momento datos en la mente, como la recordación de los números que estamos marcando al telefonear-- y la velocidad de procesamiento, dos cualidades que se degradan con la edad.
No obstante, este refuerzo fue mínimo. Los sujetos que utilizaron el juego mejoraron su memoria hasta el doble de lo alcanzado por los pertenecientes en el grupo de control (que dedicó un tiempo igual a ver documentales educativos por televisión). Al cabo de ocho semanas de entrenamiento, esa mejoría rondaba tan sólo un 4 por ciento. Efectos tan reducidos como éste son característicos de los estudios sobre programas de entrenamiento cerebral, afirma Snyder. No obstante, confiesa que es la primera vez que aparece un estudio bien realizado entre un montón de bibliografía lamentable. Aunque el estudio fue financiado por Posit Science, ninguno de los investigadores participantes tiene intereses financieros en esa compañía.
Aunque la magnitud de la mejoría pueda ser pequeña, leemos en otro estudio reciente, el efecto del entrenamiento sobre el cerebro resulta perceptible. En febrero pasado neurocientíficos del Instituto Karolinska se valieron de escáneres de TEP y RMf para apreciar variaciones en el número de receptores de dopamina, un neurotransmisor que participa en el aprendizaje, entre otras funciones importantes. En los probandos, tanto si el número de receptores de dopamina era en un principio demasiado elevado o escaso, el resultado del entrenamiento cerebral consistió en desplazarlos hacia el equilibrio óptimo.
"La plasticidad cerebral es bien conocida", explica Torkel Klingberg, director de la investigación. "Pero nadie había demostrado que la bioquímica del cerebro presentase esta clase de plasticidad". Klingberg ha desarrollado el programa utilizado en el estudio, llamado Cogmed Working Memory Training, y posee acciones de la correspondiente compañía.
Snyder ha alabado el estudio de Klingberg, pero ha señalado también que es un hecho que el cerebro puede cambiar en respuesta a una variedad de solicitudes. Desde su perspectiva, las compañías de software siguen estando presionadas para demostrar que sus productos son muy eficaces, especialmente a largo plazo, y pocos programas han demostrado flexibilidad en reforzar destrezas que no hubieran sido practicadas.
El mejor procedimiento para reforzar la memoria, dice Snyder, es el ejercicio físico. En segundo lugar, una dieta adecuada y una vida social activa resultan también beneficiosas para el cerebro. ¿Logra el software superar los resultados de tales prácticas?, se pregunta Snyder. "Francamente, tengo mis dudas. Pruebas no hay".

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