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1 de Marzo de 2010
Inconsciente

Estímulos subliminales

Nuestros sentidos captan del mundo más de lo que creemos. Y, sin embargo, los estímulos subliminales sólo influyen en los detalles.

© fotolia / delphine poggianti

En síntesis

Un estímulo es "subliminal", fuera de la consciencia, si se lo presenta durante menos de 30 milisegundos y se lo "enmascara" después con otro estímulo.

Un estímulo subliminal puede influir en la conducta posterior de los probandos; los investigadores lo denominan preparación o cebo (priming).

Si nuestra atención se distrae, no hay tal efecto de preparación o cebo.

Pocas veces discrepan tanto ciencia y opinión pública como en el tema de los estímulos subliminales. Con esta expresión se designan, entre otros, las imágenes que se muestran por un período de tiempo tan breve, que no tenemos consciencia de haberlas percibido. Aunque no superan el umbral de la consciencia, dejan sus huellas en el cerebro; sin ser percibidas pueden influir en nuestras decisiones.

Con estímulos que nadie percibe se hacen campañas y se gana dinero. Los estrategas habilidosos las emplean en campañas de publicidad o en contiendas electorales. O eso se afirma. Pero, como saben los investigadores, la eficacia de los estímulos subliminales es mucho menos espectacular, aunque comprobable.

Las técnicas subliminales se dieron a conocer por cierto experimento, que el analista de mercado James Vicary realizó en 1957. En la pantalla de un cine intercalaba repetidas veces, por breve tiempo y sin que los espectadores lo captaran, el anuncio comercial "coma palomitas de maíz, beba coca-cola". Según el propio Vicary, el consumo del refresco se incrementó un 20 por ciento y el de las palomitas un 60 por ciento.

Cinco años después, admitió que nunca había realizado tal experimento, sino que sólo pretendía incrementar el volumen de ventas de su agencia de publicidad. Lo que no impidió que se consolidara el mito de la manipulabilidad imperceptible de la conducta. Por decir toda la verdad, Vicary realizó el experimento en un cine y lo repitió con un grupo de periodistas interesados, pero los números eran falsos; el aparato ominoso, que emite los breves e imperceptibles mensajes, existe, pero no lleva a los resultados revolucionarios declarados.

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