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  • Marzo/Abril 2010Nº 41
Encefaloscopio

Musicoterapia

Gratuito

Preparados, listos, ¡música!

¿Por qué resulta más llevadero un entrenamiento físico fatigoso si se oye música?
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Casi todos hemos experimentado el alivio que la música aporta al entrenamiento: aumenta la motivación, distrae del cansancio y se experimenta la sensación de que el tiempo pasa más deprisa. En efecto, se ha demostrado que al entrenar con música aumenta el rendimiento físico y el sujeto está más alerta; es posible que la música contribuya a la segregación de compuestos cerebrales --neurotransmisores-- que afectan al estado de ánimo.
En investigaciones recientes se ha confirmado que la audición de música resulta ventajosa para elevar el rendimiento físico de quienes precisan hacer ejercicio por obesidad o por cardiopatías. Se ha observado que, en muchos de estos individuos, la música aumenta el rendimiento físico en más de un 20 por ciento, pues perciben que los ejercicios les resultan más fáciles.
Los indicios arqueológicos llevan a pensar que la composición y escucha de música constituye una de las acciones básicas de los humanos. Incluso los niños muy pequeños reaccionan a la música rítmica, moviendo brazos y piernas al compás.
El ejercicio aeróbico y las funciones fisiológicas básicas, como la respiración y el latido del corazón, constituyen, al igual que la música, actividades rítmicas. Dado que nuestro organismo está habituado a ritmos, la influencia de sonidos acompasados nos ayuda a organizar nuestros movimientos físicos.
En el caso de un ejercicio aeróbico, parece que un ritmo sencillo y rápido es importante. Según investigaciones, el heavy metal, el pop rápido o el hip-hop son géneros idóneos para estimular el sistema nervioso y facilitar la conducta física y la expresión corporal. Aunque las pruebas no son concluyentes, es posible que ese tipo de música contribuya a generar en el cerebro las veloces ondas beta, características de una mente intensamente aplicada, activa, y, lo que es de máxima importancia, motivada. Además, la música y el movimiento rítmico pueden inducir la liberación de sustancias opiodeas en el cerebro, moléculas asociadas con el placer y la euforia.
Por otra parte, aunque la música de rock duro posea la velocidad y el ritmo adecuados, algunas piezas parecen destruir la simetría entre los hemisferios cerebrales e inducir inquietud, provocando pérdidas de rendimiento, a causa de la irregularidad de sus ritmos y la estridencia irritante de sus tonalidades. Y el entrenamiento para la pérdida de peso difiere del ejercicio aeróbico rítmico, pues no depende tanto de la rapidez del ritmo: el rendimiento parece mejorar con música no muy rápida acompañada de letras sugerentes.

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