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1 de Septiembre de 2017
Entrevista

«De la percepción a la acción»

Los estados de consciencia «particulares» son uno de los temas ­favoritos del neurocientífico Arne Dietrich. Según afirma, ­experimentamos la sensación de fluidez siempre que la instancia de control más importante de la mente afloja sus riendas

Arne Dietrich: Nació en Hamburgo en 1968. Cursó psicología y neurociencia cognitiva en la Universidad de Georgia en Atlanta, donde se doctoró en 1996. Desde 2004 es profesor de psicología en la Universidad Americana de Beirut (Líbano). En la imagen, se relaja mientras navega por el Ganges durante un viaje a la India. [CORTESÍA DE ARNE DIETRICH]

¿Qué ocurre durante el estado de fluidez en el cerebro?
No es fácil responder a esta cuestión, puesto que incluso con ayuda de métodos neurocientíficos apenas puede analizarse. En primer lugar, es extremadamente difícil inducir el estado de fluidez de forma deliberada en las personas mientras se encuentran en el laboratorio. En segundo lugar, solo experimentamos ese estado cuando nos hallamos activos, inmersos en una actividad concreta. Los sujetos no pueden moverse cuando están dentro del escáner cerebral; incluso el más mínimo movimiento de unos pocos milímetros estropea la medición de la señal BOLD, técnica que permite sacar conclusiones sobre la actividad cerebral. Con todo, a partir de lo que sabemos puede deducirse qué ocurre en el cerebro durante el fluir. Entre las características de este estado se encuentra la inmersión mental en la propia actividad y la sensación de que todo sale sin esfuerzo. El tiempo y el entorno pasan a un segundo plano. Todo ello implica que ciertas áreas del cerebro frontal disminuyan temporalmente su actividad. En el lenguaje técnico, este fenómeno se conoce como hipofrontalidad transitoria.

¿El lóbulo frontal no es importante para el control de las acciones?
Sí, pero exclusivamente si aplicamos un control consciente sobre nuestra acción. Para explicarlo es necesario recordar algunos fenómenos básicos. A grandes rasgos, nuestro cerebro dispone de dos formas de almacenar y recuperar el conocimiento y las habilidades: un sistema implícito y otro explícito. También se les llama consciente e inconsciente o declarativo y no declarativo. Sin embargo, en mi opinión resulta más acertado hablar de explícito e implícito. El primero se basa en normas que se pueden formular y requiere nuestra atención consciente; por ejemplo, cuando aprendemos a jugar al ajedrez o recibimos las primeras lecciones de conducción. Por el contrario, actuamos de manera implícita cuando hacemos cosas sin prestarles atención. Ocurre al adquirir conocimientos a partir del aprendizaje automatizado mediante la práctica y, especialmente, cuando recuperamos conocimientos ya aprendidos. Al aumentar la práctica, la mayoría de las destrezas van pasando del modo explícito al implícito. Con pocas palabras, durante el estado de fluidez, el sistema implícito toma el control. Para ello es necesario que el sistema explícito se desconecte simultáneamente. De este modo tenemos la sensación subjetiva de que olvidamos todo lo que sucede a nuestro alrededor y nos fundimos con nuestra actividad.

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