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Engaños en el ­campo de batalla

Los mandos militares suelen recurrir a ilusiones para evitar, o al menos controlar, la confrontación con adversarios.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los aliados construyeron un gran ejército de maniquís y vehículos inflables para «reforzar» las tropas que tenían desplegadas sobre el terreno. Desde el aire, estas imitaciones parecían lo bastante auténticas para influir en las decisiones estratégicas de las fuerzas alemanas. [BETTMANN / GETTY IMAGES]

Los Ángeles es un lugar rico en ilusiones. Entre la magia de Hollywood y la luz surrealista de la atmósfera, la ciudad invita a sentir que la realidad física no siempre casa con las propias percepciones. Por esta razón, la urbe más poblada de California se prestaba para que la estadounidense Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA) desarrollase, hace ahora unos dos años, un taller con un objetivo un tanto peculiar: estudiar la creación de ilusiones que pue­dan aplicarse en el terreno militar. De los asistentes, tres éramos neurocientíficos. El resto del grupo se componía de expertos del mundo del espectáculo: directores, guionistas, artistas Foley (reproducen ruidos de la vida diaria), ingenieros de sonido y técnicos de efectos especiales. Juntos debíamos asesorar a DARPA sobre las tecnologías e investigaciones en las que invertir para que las fuerzas armadas de Estados Unidos siguiesen manteniendo el elevado nivel científico en cuanto a camuflaje táctico, ocultación (con o sin camuflaje) y capacidad de engaño. El grupo de trabajo exploró lo que tal vez resulte más importante: el papel disuasorio que pueden desempeñar los errores de percepción para evitar la confrontación armada.

Los Gobiernos no son ajenos a ese tipo de añagazas, muy al contrario. «Engañar al adversario sobre la naturaleza, la posición y la importancia de nuestras fuerzas militares y ocultar las propias intenciones tácticas y operativas ha formado parte de la estrategia militar desde un comienzo», explicaba William Casebeer, nuestro anfitrión en DARPA y actualmente director del área de investigación para sistemas humanos y autonomía de los Laboratorios de Tecnología Avanzada de Lockheed-Martin. Hace miles de años, el legendario general chino Sun Tzu enfatizó la importancia de influir en las percepciones del enemigo para optimizar el éxito, ya fuera venciendo o, mejor todavía, eludiendo la guerra, una tesis que comparten casi todos los teóricos prominentes de la acción militar. Casebeer aseguraba que las ilusiones (desde las que demandan la respuesta sensorial básica hasta las que involucran la capacidad cognitiva superior y gobiernan los juicios y decisiones) han contribuido a que numerosos países eviten los enfrentamientos bélicos. Incluso cuando el conflicto armado ha resultado inevitable, las ilusiones han ayudado al regreso seguro de los soldados desde las zonas en guerra.

No podemos divulgar las ideas y métodos concretos desarrollados en aquel taller, pero sí podemos explicar algunas ilusiones, hoy de dominio público, que han utilizado los Gobiernos y las fuerzas militares para crear sorpresa estratégica y evitar bajas durante el conflicto.

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