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1 de Septiembre de 2007
Neurodesarrollo

El cerebro adolescente

Los adolescentes, cuyas áreas cerebrales de decisión todavía se encuentra en desarrollo, muestran poco juicio en situaciones arriesgadas. Pensar de forma menos lógica podría dar mejores resultados.

ISTOCK / MALERAPASO

En síntesis

Muchas de las conductas que afectan a la salud durante la adultez (como el con­sumo de alcohol o drogas) comienzan y se arraigan en la adolescencia.

Según algunos estudios de ­neuroimagen, la inmadurez del cerebro juvenil podría ser
la responsable de buena parte de las conductas temerarias en los ado­lescentes.

Los programas tradicionales de intervención para adolescentes parecen fracasar por centrarse en el pensamiento racional, cuando deberían hacer hincapié en el in­tuitivo.

La adolescencia es una edad peligrosa. Las temeridades que mayor peligro entrañan para la vida, como la conducción bajo los efectos del alcohol, las borracheras de larga duración, solitarias o en grupo, y las relaciones sexuales sin protección constituyen fenómenos habituales en esta etapa. Los datos estadísticos, relativos a Estados Unidos, ilustran el enorme precio —pagado en muerte o sufrimientos— que suponen tales excesos:

  • Los jóvenes de ambos sexos, de edades comprendidas entre 16 y 20, años tienen una probabilidad cuando menos doble de sufrir un accidente en automóvil que los conductores que cuentan entre 20 y 50 años. Los accidentes de circulación son la principal causa de deceso entre los 16 y los 20 años. Más del 30 por ciento de los jóvenes conductores fallecidos en el año 2003 al estrellar sus vehículos habían estado bebiendo.
  • Tres millones de adolescentes contraen enfermedades de transmisión sexual todos los años. 
  • Más de la mitad de todos los nuevos casos de VIH se dan en personas de menos de 25 años, lo que hace del sida la séptima causa de mortalidad en el grupo de edad de 13 a 24 años. Por término medio, dos jóvenes estadounidenses quedan infectados con VIH cada hora. 
  • El 40 por ciento de los alcohólicos informa que empezó a tener problemas con la bebida entre los 15 y los 19 años de edad. 
  • Se observan pruebas de afición excesiva al juego y a las apuestas, e incluso casos de ludopatía, entre un 10 y un 14 por ciento de los adolescentes. Típicamente, se comienza a apostar hacia los 12 años.

Además de las consecuencias inmediatas de las temeridades —tanto en los adolescentes como para quienes padecen los efectos de sus actos— muchas de las conductas que afectan a la salud del adulto comienzan y se arraigan ya en la adolescencia. Así, por ejemplo, el emborracharse o el consumo de drogas, que pudieron comenzar siendo actos de experimentación voluntaria, pueden quedar perpetuadas por adicción. Y aunque la mayoría de los adolescentes que abusan del alcohol no llegan al alcoholismo, no es menos cierto que los alcohólicos comenzaron a beber en su adolescencia.

La prevención de conductas de riesgo cuando todavía son opciones deliberadas reviste una importancia crucial, no solo para protección de los jóvenes afectados, sino también para la sociedad en su conjunto. Entre las soluciones obvias se cuentan los programas de intervención precoz, de mayor éxito y menor coste para la sociedad que los tratamientos para la corrección en fases posteriores de las adicciones establecidas.

 

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