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Ganglios basales

Los ganglios basales controlan nuestro movimiento. Tarea que desempeña también la corteza motora. Los anatomistas resuelven esa aparente antinomia.
gehirn & geist / MEGANIM
Si hacemos un corte transversal del cerebro, observaremos que la superficie se halla recubierta de una fina corteza grisácea, la corteza, compuesta por los cuerpos celulares de miles de millones de neuronas, compactamente empaquetadas: las células grises. Justo debajo de la corteza, el tejido se nos ofrece con un blanco reluciente. Por aquí corren las fibras nerviosas, prolongaciones de las neuronas que establecen miríadas de conexiones desde, hacia y en el interior de la corteza.
Más abajo, el cerebro se vuelve de nuevo gris. En torno a las cavidades, encontramos acumulaciones de cuerpos de células nerviosas; los pioneros de la investigación cerebral las llamaron ganglios basales, del griego ganglion, que significa conglomerado, nudo o tumor. Tejido nervioso gris, en todo caso, que se halla bastante profundo, cerca de la base del cerebro.
Hasta ahí llegaba el conocimiento sobre los ganglios basales hace 150 años. Más adelante se comprobó que algunos de esos conglomerados celulares descritos en el interior del encéfalo (en amarillo en el dibujo) desempeñaban tareas completamente distintas de los restantes --los «verdaderos»-- ganglios basales (en naranja). Por eso, en la actualidad el tálamo se adscribe al diencéfalo, y la amígdala al sistema límbico.

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