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Mi cita con una robot

Hiroshi Ishiguro ha creado la humanoide más atractiva del mundo. ¿Hasta dónde llega su "humanidad"?
Nunca olvidaré mi primer encuentro con Eliza. Yo había tecleado en un teletipo --aquel artefacto enorme y ruidoso-- la frase "Mi padre no me valora". Eliza, un programa de ordenador que remedaba una conversación con un psiquiatra rogeriano, respondió, con no menor estrépito: "Hábleme de sus padres". Yo escribí entonces, "Bueno, es que no me entienden. No saben quién soy, ni de lo que soy capaz". Y Eliza mecanografió a su vez, "No ser comprendido debe de resultarle muy duro".
Era, en verdad, un sueño hecho realidad, un presagio de que algo grande estaba ya a la vuelta de la esquina. El sueño pertenecía a Alan Turing, un brillante matemático inglés que fue uno de los creadores de lo que ahora entendemos por informática. Turing, en un ensayo de 1950 que se titulaba "Computing Machinery and Intelligence" (Maquinaria de computación e inteligencia), sugería que, hacia el año 2000, las computadoras poseerían potencia suficiente para "conversar" con personas, e incluso para engañar a la mayoría de los "interrogadores normales", haciéndoles creer que eran verdaderamente seres humanos, al menos durante unos cinco minutos.

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