Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Mente y Cerebro
  • Marzo/Abril 2015Nº 71

Lenguaje

El efecto del idioma extranjero

La lengua influye a la hora de tomar decisiones o expresar sentimientos. Incluso altera nuestro razonamiento moral. En un idioma que no es el propio, el cerebro emocional se muestra menos activo.

Menear

En sus memorias, Eva Hoffman, escritora y académica, recuerda lo que supuso ser una inmigrante bicultural y bilingüe, llegada de Polonia a Estados Unidos. Según describe, dos lenguas emitían órdenes en competencia en su mente:

—¿Te convertirás en pianista?
(Se pregunta a sí misma en inglés.)
—No debes hacerlo. No puedes. 

—¿Te convertirás en pianista?
(Oye el eco de la pregunta en polaco.)
—Sí, debes hacerlo. A toda costa.

Por lo general, se considera que el lenguaje ha de aportar información, no cambiarla. Ahora bien, numerosas personas bilingües señalan que expresan mejor sus emociones en su primer idioma. Como refleja la experiencia de Hoffman, y un creciente número de investigaciones, el tenor de nuestros pensamientos puede depender de la lengua en que los expresemos.

A veces, los pacientes bilingües de un psicoterapeuta que domina sus dos mismos idiomas recurren a su lengua materna si quieren conocer al detalle las consecuencias de un asunto, pero eligen su segunda lengua si prefieren establecer cierta distancia emocional. Las personas aplican este denominado «efecto del idioma extranjero» incluso a los juicios morales, sugieren estudios recientes.

La idea de que idiomas diferentes pueden llevarnos a conclusiones distintas tiene amplios efectos. En el caso de las parejas con un origen lingüístico distinto, esta diferencia puede perjudicar el intercambio de emociones entre los enamorados. En política exterior, esa condición podría orientar a ciertos líderes a tomar una decisión más racional, y a otros, en cambio, otra más intuitiva. A un nivel más fundamental, el efecto del idioma extranjero suscita preguntas sobre la integridad moral humana. Nuestros juicios sobre lo que está bien y lo que está mal no son absolutos, puesto que pueden alterarse por condicionantes en apariencia triviales. Entre ellos, el idioma en el que plasmamos nuestra convicción.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados