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1 de Marzo de 2015
Neurociencia

El grupo sanguíneo importa para el cerebro

El grupo AB entraña un mayor riesgo de deterioro cognitivo con la edad.

GETTY IMAGES

En el envejecimiento, el grupo sanguíneo puede influir en la función cerebral, según un estudio longitudinal a gran escala. Los individuos del tipo AB, considerado raro, pues solo incluye al 10 por ciento de la población, presentan mayores índices de fallos cognitivos con la edad.

Mary Cushman, hematóloga de la Universidad de Vermont, junto con sus colaboradores, analizó los datos de un estudio a largo plazo que se lleva a cabo en Estados Unidos, el REGARDS, el cual recoge desde 2007 información de 30.239 individuos mayores de 45 años, tanto caucasianos como afroamericanos. Cushman se proponía investigar la elevada mortalidad por infarto cerebrovascular en la región sudeste de EE.UU. y que afecta sobre todo a ciudadanos afroamericanos. El equipo se sirvió de los datos recogidos telefónicamente dos veces al año y a través de los cuales se evalúan los rasgos cognitivos (capacidad de aprendizaje, memoria a corto plazo y función ejecutiva, entre otros) de los encuestados. Los investigadores se fijaron en 495 individuos que acusaban importantes deficiencias en al menos dos de las tres pruebas de la encuesta telefónica.

Cuando compararon este grupo, que presentaba un deterioro cognitivo, con 587 participantes cuyos recursos mentales se conservaban robustos, los investigadores observaron que las pérdidas de capacidad mental eran alrededor de un 82 por ciento más frecuentes en individuos del grupo sanguíneo AB que en los de tipos A, B o 0, descontados los efectos de raza, sexo o ubicación geográfica. Este hallazgo se publicó en línea en Neurology en septiembre de 2014.

El resultado, un tanto extraordinario, cuenta con algún precedente. En estudios anteriores se sugería que los tipos no-0 guardaban relación con elevadas incidencias de cardiopatías, ictus y trombosis, que podrían afectar al funcionamiento cerebral. No obstante, se cree que estas consecuencias cardiovasculares tienen que ver con la forma en que se coagula la sangre de los tipos no-0, lo que no parecía contribuir a los efectos cognitivos expuestos en el nuevo estudio. Los investigadores especulan que otras diferencias entre grupos sanguíneos, como la facilidad de los hematocitos para adherirse entre sí o a las paredes de los vasos, sí pudieran afectar al funcionamiento cerebral.

Cushman subraya la necesidad de los estudios de seguimiento, no solo para verificar la relación entre grupo sanguíneo y cerebro, sino también para esclarecer esos mecanismos. Mientras, quienes pertenezcan al grupo AB no tienen por qué temer pérdidas cognitivas futuras, asegura la investigadora, pues todos los cerebros pueden beneficiarse de una dieta saludable, de tener consciencia de los factores de riesgo cardíaco o cerebral y de practicar ejercicio con regularidad.

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