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Actualidad científica

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  • Marzo/Abril 2015Nº 71

Lenguaje

Reglas universales del lenguaje humano

El estudio de las conversaciones cotidianas en diferentes culturas e idiomas contribuye al conocimiento de las raíces sociales del habla.

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El estudio de la comunicación animal alberga una larga y pintoresca historia. En los años cincuenta del siglo XX, el biólogo holandés Niko Tinbergen (1907-1988) recogió ejemplares de espinoso (Gasterosteus gymnurus), unos pececillos de agua dulce, con el fin de observar con atención el modo en que interactuaban. Descubrió, entre otras cosas, que el abdomen de los machos se tornaba de color rojo brillante durante el período de reproducción, época en la que construían el nido y establecían su territorio. Dicha tonalidad les servía de advertencia para potenciales rivales. Tanto era así que el científico constató un fenómeno curioso: los machos territoriales se manifestaban dispuestos a atacar cualquier objeto rojo, incluidos los tacos de madera que sostenían el exterior de su pecera o la furgoneta de correos que circulaba frente a la ventana de su laboratorio.

Los trabajos de Tinbergen, que combinaban la observación de la conducta natural con la experimentación sistemática, le merecieron un premio Nobel en 1973. También se han convertido en un paradigma para la investigación de la comunicación animal. Ante el éxito que ha mostrado esta, ya clásica, metodología en los animales, nos pareció natural aplicarla al estudio de la comunicación de los humanos. Nuestro objetivo era descubrir qué información sobre la estructura del lenguaje de nuestra especie nos podían ofrecer las personas de diferentes culturas a través de sus conversaciones habituales. El reto ha valido la pena.

Durante los diez últimos años, el nuestro y otros equipos hemos viajado por todo el mundo, aprendiendo distintas lenguas y escuchando numerosas conversaciones. Tras el análisis de los datos recopilados, y regresando al terreno para una exploración más detallada, aprendimos que el lenguaje humano posee una estructura que trasciende la gramática, que va más allá de las palabras y del orden de los sustantivos y verbos. Esta «superestructura» de la conversación es idéntica para todas las culturas, desde los campos arroceros de Laos hasta los fiordos de Islandia. Al elucidar estos aspectos comunes, nos acercamos a la compresión de los principios universales en los que se cimienta el lenguaje humano y, en última instancia, el tejido de nuestras sociedades.

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