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1 de Mayo de 2016
Neurociencia

Las dendritas, ­antenas neuronales

Para recibir señales y poderlas procesar, cada neurona dispone de ramificaciones dendríticas. Su estructura constituye una auténtica filigrana y sus funciones son muy variadas.

Este dibujo de 1904 realizado por Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) muestra las neuronas de la corteza cerebral. Se reconocen las múltiples ramificaciones de las dendritas, los gruesos somas celulares y los largos axones neuronales. [SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL; CORTESÍA DEL INSTITUTO CAJAL, CSIC]

En síntesis

Las dendritas son apéndices celulares de las neuronas. Actúan de forma semejante a las antenas: por ellas circulan las señales de las neuronas vecinas a través de las sinapsis.

Sin embargo, por regla general, las dendritas procesan las informaciones de forma activa. Filtran y modifican las señales que les llegan.

Dependiendo de las señales recibidas, los canales iónicos permiten de forma selectiva el paso de partículas con carga positiva o negativa.

Antenas parabólicas, antenas de radio en los coches, antenas en los ordenadores portátiles, antenas en los teléfonos móviles... En nuestro día a día nos encontramos rodeados de innumerables antenas. Los ingenieros han encontrado un número sorprendente de procedimientos para captar señales electromagnéticas.

De forma semejante a los teléfonos móviles, a los automóviles o a los rascacielos, las neuronas de nuestro cerebro disponen de unas estructuras para recibir señales: las dendritas. También estos dispositivos receptores se presentan en una impresionante variedad de tamaños y formas. Sin embargo, y aquí termina la analogía, las dendritas no captan ondas electromagnéticas, sino señales químicas que les envían otras neuronas a través de unas conexiones llamadas sinapsis. Pero después de centenares de millones de años de evolución, estas estructuras llevan a cabo operaciones que van más allá de recibir señales sinápticas: actúan como sistemas autónomos de procesamiento informativo.

La belleza de las dendritas ya impresionó a Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) a finales del siglo XIX. Tiñó neuronas individuales y las observó bajo el microscopio. Los dibujos del premio nóbel de medicina pusieron y ponen aún hoy de manifiesto la compleja red de las ramificaciones dendríticas.

Para entender mejor el funcionamiento de los receptores neuronales hemos de observarlos un poco más en detalle: las ramificaciones dendríticas más finas, que surgen directamente de las ramas principales, presentan un grosor de hasta 0,1 micras, es decir, alrededor de una milésima parte del diámetro de un cabello humano, y solo unas pocas micras de longitud. Las neuronas de gran tamaño, como las células de Purkinje del cerebelo, poseen miles de estas espinas. Con este árbol dendrítico tan profusamente ramificado, una neurona presenta una superficie mucho mayor que la que tendría una célula esférica del mismo volumen, y ofrece numerosos puntos de conexión con las células vecinas.

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