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Tacto deteriorado, modificar los recuerdos y síndrome de fatiga crónica

¿Sentido del tacto deteriorado?

Carl Suiz, Essen: Muchas gracias por su interesante artículo «El secreto del tacto» [por Joachim Retzbach; Mente y Cerebro n.o 77, 2015]. Su lectura me ha sugerido una cuestión que no sé si se ha investigado alguna vez. Mi pregunta es la siguiente: las personas con trastornos de conducta graves, como por ejemplo los psicópatas, ¿sufren un deterioro en su percepción táctil? ¿Podría demostrarse esta posibilidad a nivel fisiológico?

Responde Martín Grundwald, de la Universidad de Leipzig: Por lo general, todas las enfermedades psicológicas (así como las neurológicas) se acompañan de una alteración del sentido del tacto. En estos casos es más frecuente que se produzca una disminución de la percepción táctil. En cambio, una hipersensibilidad es una circustancia poco común. Para comprobar estas posibilidades se necesitan métodos de ensayo concretos, puesto que, en el día a día, estas alteraciones apenas se aprecian. Mediante la electroencefalografía o la tomografía por resonancia magnética funcional ya se han constatado modificaciones neurofisiológicas en personas con ciertas enfermedades mentales y neurodegenerativas, entre ellas, la depresión, la esquizofrenia o el párkinson.

Modificar los recuerdos

Johann Caspar Rüegg, Hirschberg: Christian Wolf, autor del artículo «Modificar los recuerdos» [Mente y Cerebro n.o 77, 2016], lo explica claramente: cuando recuperamos los recuerdos de la memoria, las experiencias positivas y negativas modifican su contenido. Las mnemónicas (engramas) se alteran, al menos en los ratones.

Estos hallazgos que el grupo dirigido por el científico japonés y premio nóbel Susumu Tonegawa ha comprobado a partir de la investigación con técnicas de optogenética en roedores resultan también relevantes para la psicotraumatología. De hecho, en el ámbito terapéutico puede lograrse que se modifique un recuerdo (traumático) a través de la evocación de contenidos memorísticos inconscientes. Para ello es necesario que los afectados, en su representación del miedo, se enfrenten de nuevo a las escenas traumáticas de forma consciente. De esta manera, se puede conectar la huella mnemónica del miedo con experiencias e informaciones positivas. Esa «sobrescritura» permitiría modificar la huella de la memoria. O, en palabras de la neurocientífica y terapeuta Daniela Schiller, «actualizarla».

El síndrome de la fatiga crónica

Janina B., Colonia: El artículo «Síndrome de la fatiga crónica» [por Franziska Badenschier; Mente y Cerebro n.o 77, 2016] es el primero que he leído que indaga y destapa de manera precisa la gravedad de esta enfermedad, así como la situación de desamparo que vivimos los afectados y, sobre todo, el problema que existe en torno a las diversas maneras de describir la dolencia.

Antes era una estudiante activa y deportista, pero desde hace unos años padezco el síndrome de la fatiga crónica, o en su caso, una encefalomielitis miálgica. Como también refleja el caso que describe el autor en el texto, sufrí una infección que me produjo el virus de Epstein-Barr. Sin duda compartiré este artículo con mis médicos y familiares.

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