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1 de Marzo de 2007
Psicología social

El descubrimiento del otro

El lenguaje, la empatía y la cultura se lo debemos a un tipo peculiar de células nerviosas, las neuronas especulares. Quedan, no obstante, muchos cabos sueltos en esa tesis.
No se imaginaba Alicia el servicio que iba a prestar a la ciencia, inmóvil y embutida en el tubo angosto del tomógrafo de resonancia magnética. Junto al escáner, que mide la actividad cerebral de la joven, se halla su marido, que parpadea nervioso. Pero ella sólo alcanza a ver la mano derecha del esposo. En las manos de ambos hay implantados sendos electrodos, plaquitas metálicas que transmiten de forma alternante una corriente a ella y a su marido. A veces, producen dolor.
"Las descargas resultan, en ocasiones, muy desagradables", reconoce Tania Singer, que dirige el ensayo en el departamento de técnicas de formación de neuroimágenes de Well­come. Pero no producen efectos secundarios. El comité de ética las consideró inofensivas y aprobó el experimento. Los investigadores andan tras la resolución de una cuestión clave: ¿en qué basan los humanos su facultad de ponerse en la piel del otro? ¿En virtud de qué mecanismo se tiende el puente entre tú y yo? Dicho de otra manera, ¿cómo surge la empatía?

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