Imitación rehabilitadora

Mediante las neuronas espejo nuestro cerebro imita lo que hacen otros. Podría aprovecharse ese fenómeno para ayudar a quienes han sufrido un ataque cerebral.
Hasta hace poco se ignoraba el mecanismo por el cual nuestro cerebro reconoce las intenciones de los demás. Los neurofisiólogos investigaban los procesos que tienen lugar en el individuo, pero no se aventuraban en el terreno de las experiencias, pensamientos y sentimientos compartidos. Con el descubrimiento de las neuronas espejo, el panorama sufrió un cambio radical.
En su morfología, las neuronas especulares no se distinguen de las otras células nerviosas. Pero sobresalen por la doble función que cumplen: se excitan ante determinadas acciones, las realicemos nosotros o las observamos ejecutadas por otros. Parece lógico que las neuronas espejo del cerebro humano abunden en las regiones encargadas de planificar e iniciar actos. Aludimos a la corteza motora primaria, que envía impulsos contractores a los músculos y, sobre todo, al área premotora y las áreas motoras suplementarias. Tienen la misión de planificar movimientos complejos y coordinar las etapas que deben atravesar.

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