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La risa, una herramienta auxiliar para el diagnóstico de la depresión

Las personas con un trastorno depresivo ríen de manera diferente que los individuos sanos. El análisis de la risa podría contribuir al diagnóstico y seguimiento de los pacientes con esta patología.

[ISTOCK / TODOR TSVETKOV]

La risa ha estado prácticamente ausente del panorama científico internacional. Hasta las dos últimas décadas. De las 32 publicaciones que se encontraban en PubMed (base de datos de artículos científicos biomédicos) bajo el epígrafe de la risa en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX o las 585 entre 1980 y 1990, se ha pasado a 1044 publicaciones en los 15 años transcurridos desde el año 2000. La risa se ha convertido en un tema de investigación que interesa desde una amplia variedad de puntos de vista: biomédico, biofísico, neurofisiológico, cognitivo, psicológico, social, evolutivo y filosófico, entre otros.

Pero, como suele suceder, este aumento del volumen de investigación desde ámbitos diferentes ha comportado que la lista de preguntas todavía sin respuesta crezca más y más. Una de estas cuestiones concierne al papel de la risa en las patologías neuropsiquiátricas. El grupo de bioinformación del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud del Instituto de Investigación Sanitaria Aragón ha investigado si la risa deja una huella peculiar en una de las enfermedades psiquiátricas más frecuentes: la depresión. Según publicamos en fecha reciente en Entropy, la risa es una herramienta potencial para el diagnóstico y el se­guimiento de los pacientes con trastorno depresivo.

Diferentes maneras de reír

Para el estudio, dirigido por Pedro C. Marijuán, se registraron 934 risas de 50 hombres y mujeres de entre 20 y 65 años. De estos individuos, 30 eran pacientes con depresión y 20 personas sanas. Con el fin de provocar las risas y grabarlas, mostramos a los participantes vídeos humorísticos que incluían chistes, caídas, monólogos, escenas divertidas de películas famosas e intervenciones de cómicos conocidos, entre otras imágenes. Todos los individuos eran españoles y ninguno sufría una enfermedad mental grave que impidiera la realización de la tarea, por lo que fueron capaces de comprender la totalidad de los episodios de humor y completar los diferentes cuestionarios.

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