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1 de Septiembre de 2016
Neurología

Los mecanismos del olvido

Un estudio sugiere que el alzhéimer se inicia en el tronco encefálico durante la adultez temprana. Los síntomas no se manifiestan hasta pasados varios decenios.

En el estadio avanzado de la enfermedad de Alzheimer, la pérdida de sustancia del tejido cerebral en un paciente (izquierda) es notoria, en comparación con el cerebro de una persona sana (derecha). [AG. FOCUS / SCIENCE PHOTO LIBRARY / ALFRED PASIEKA]

En síntesis

La enfermedad de Alzheimer se ha considerado durante mucho tiempo una dolencia degenerativa difusa del cerebro senescente. Sin embargo, las alteraciones patológicas cerebrales se presentan años antes de que se manifiesten los primeros síntomas.

De acuerdo con estudios recientes, el origen anatómico de la enfermedad se halla en el tronco encefálico. Desde allí, las alteraciones patológicas se extienden, por las vías fibrilares, por todo el cerebro.

Al parecer, la propagación se basa en mecanismos similares a los que acontecen en las dolencias priónicas, entre las que se encuentra la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.

Hasta ahora, la enfermedad de Alzheimer se ha relacionado con tres supuestos básicos: uno, se trata de una dolencia que solo presentan las personas de edad avanzada; dos, afecta principalmente al cerebro, y tres, los procesos de degeneración letal acontencen en puntos impredecibles del cerebro. Dicho en pocas palabras, el alzhéimer consiste en una enfermedad neurodegenerativa difusa del cerebro senescente.

Frente a esa idea, nuestro equipo propone un nuevo modelo: uno, la enfermedad comienza a desarrollarse a principios de la edad adulta (hipótesis que en la actualidad apoyan la mayoría de los científicos); dos, la destrucción del cerebro no se inicia en la corteza cerebral, y tres, la enfermedad no se extiende de manera difusa, sino que sigue un patrón predecible. De acuerdo con nuestra investigación, las primeras alteraciones patológicas suceden en el tronco encefálico, una estructura profunda y antigua desde el punto de vista filogénico.

Actualmente, el alzhéimer supone el 65 por ciento de los casos de demencia. Casi 30 millones de personas en el mundo sufren esta enfermedad, para la que hasta el momento no existe tratamiento. Además de constituir una carga para los pacientes y sus familiares, representa aún hoy, cien años después de su descubrimiento a cargo del psiquiatra y neuropatólogo alemán Alois Alzheimer (1864-1915), un enorme desafío económico y uno de los mayores retos científicos de la medicina.

Según se estima, el alzhéimer se inicia entre 30 y 40 años antes de que se manifiesten las primeras alteraciones de la memoria y la cognición. Después de una fase preclínica asintomática llega la fase prodrómica, la cual suele pasar inadvertida, por más que, a veces, aparezcan los primeros síntomas. Los afectados presentan ligeras mermas cognitivas y depresión, así como alteraciones en el habla, el ciclo sueño-vigilia, los movimientos oculares, las funciones vegetativas (entre ellas, el funcionamiento del aparato cardiovascular) y el procesamiento del dolor. Sin embargo, los médicos de familia a menudo no interpretan de forma correcta estos primeros avisos. Por esta razón, con frecuencia el diagnóstico y el tratamiento de la demencia se establecen demasiado tarde, de manera que los largos períodos preclínico y prodrómico se de­saprovechan por completo.

Destrucción masiva de las neuronas
La etapa clínica del alzhéimer se desarrolla lentamente desde la fase prodrómica (sin síntomas característicos). Es a edad avanzada cuando el afectado empieza a mostrar ciertos síntomas: alteraciones motoras, apatía, agresividad, estados de angustia e ideas delirantes, entre otros. Junto con la rápida pérdida de memoria, estas alteraciones acaban comportando a la persona, tarde o temprano, una pérdida de la orientación, de la capacidad de discernimiento y, por último, de la personalidad. Los pacientes más graves precisan unos cuidados y una atención permanentes. Por lo común, fallecen al cabo de diez años de haberles diagnosticado la dolencia.

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