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1 de Noviembre de 2019
Cognición

El inconsciente: el piloto automático de la mente

Según una nueva teoría, el consciente funciona solo cuando fallan las predicciones del cerebro, pues la máxima de este reza: ¡por favor, no quiero sorpresas!

Getty Images / Eyeem / Russell Johnson

En síntesis

La mente emite juicios y toma decisiones de forma rápida y automática. Para ello, el cerebro predice acontecimientos futuros continuamente.

De acuerdo con la teoría de la mente predictiva, la consciencia se pone en marcha cuando fallan las expectativas implícitas del cerebro. Después, debe restaurarse de inmediato el modo automático, que funciona con una gran eficiencia energética.

Los niveles de procesamiento cognitivo superiores de la corteza cerebral se las apañan bien sin la consciencia. No es la corteza, sino otras regiones cerebrales más profundas, responsables de las emociones y la motivación, las que alimentan la atención consciente.

En Worcester, ciudad de la costa este de Estados Unidos, se reunieron en septiembre de 1909 cinco hombres para conquistar el Nuevo Mundo con un concepto novedoso. Lideraba el grupo un tal doctor Freud, de Viena. Diez años antes, este neurólogo había presentado en su libro La interpretación de los sueños un nuevo tratamiento para la histeria. El volumen contenía, además, una polémica visión sobre la psique humana: bajo la superficie de la consciencia se esconden impulsos (pulsiones) profundamente arraigados, sobre todo la energía sexual o libido. Estos se encuentran reprimidos a causa de los principios morales aprendidos y buscan una válvula de escape en los lapsus linguae, los sueños o las neurosis. Estos serían «disfraces» del inconsciente.

Invitado por el célebre psicólogo Stanley Hall (1846-1924), Freud impartió cinco conferencias en la Universidad Clark de Worcester. Entre los asistentes se encontraba el filósofo William James (1842-1910), quien había viajado desde Harvard para conocer a Freud. Tras pasear juntos por el campus, se cuenta que James le confesó al psicoanalista: «El futuro de la psicología reside en su trabajo». James tenía razón.

La idea de que al ser humano lo mueven oscuros poderes mentales y que no es el dueño de sus actos está hoy en día muy extendida. En nuestro interior se libra una batalla constante entre las demandas de la consciencia y los deseos ocultos del inconsciente. Pero este punto de vista tiene un inconveniente: el consciente y el inconsciente no son adversarios, no compiten por el dominio de nuestra psique. Tampoco representan esferas distintas, como sugiere la división freudiana entre el «yo», el «ello» y el «superyó». Más bien existe una única mente en la que confluyen la parte consciente y la inconsciente.

La película Del revés, de los estudios de animación Pixar, ilustra hasta qué punto la representación del «oscuro inconsciente» se encuentra arraigada en la cultura popular. Este aparece en el film como un espacio misterioso y cerrado dentro de la central de mandos del cerebro. Esa imagen no puede estar más alejada de la realidad: el inconsciente es todo lo contrario a una habitación en la que encerramos las ideas o los impulsos indeseados. Nos lo imaginamos de esta suerte porque consideramos que solo el pensamiento consciente debería comandar nuestros actos. Al parecer, únicamente de ese modo somos capaces de llevar las riendas de nuestra vida. No obstante, las investigaciones recientes demuestran que son sobre todo los patrones conductuales automáticos los que dirigen nuestro pensamiento y nuestra conducta.

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