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1 de Noviembre de 2019
Depresión

El lado oscuro de los antidepresivos

Muchas personas sufren trastornos graves, como miedos, ansiedad y parestesia, cuando dejan de tomar antidepresivos. Todo apunta a que padecen síntomas de abstinencia.

Getty Images / Liia Galimzianova / iStock

En síntesis

Por lo general, los antidepresivos se toleran bien. No obstante, se habla de posibles síntomas de discontinuación o abstinencia cuando se retira la medicación. Las molestias suelen ser leves y remiten de forma espontánea.

Pero numerosos pacientes con depresión informan sobre síntomas graves, entre ellos hormigueo por todo cuerpo, ansiedad y falta de concentración, cuando intentan dejar estos fármacos. Los problemas pueden persistir durante meses o incluso años.

Iniciativas como el proyecto holandés Tapering Strips («tiras reductoras de dosis») parecen mitigar los síntomas al reducir la dosis de antidepresivos de manera gradual.

Cefaleas y dolor de espalda, problemas digestivos y visuales, temblores, rigidez muscular, acúfenos, nerviosismo, ataques de pánico y mucho más: la lista de síntomas que atormentaban a Tim, de 27años, y que todavía sigue padeciendo es asombrosamente larga. En la primavera de 2017, cuando, por prescripción médica, redujo la medicación contra su depresión, comenzó a notar unas molestias difusas.

El psiquiatra y psicoterapeuta Uwe Gonther conoce muy bien este tipo de casos. «Cada vez hay más pacientes que tienen unos problemas enormes cuando interrumpen el tratamiento antidepresivo», afirma el jefe médico de la clínica Doctor Heines, del grupo AMEOS, en Bremen. La mayoría de los afectados llevaban varios años consumiendo el fármaco. Gonther opina que no se ha prestado suficiente atención a tales síntomas. «Gran parte de lo que se sabe se basa en la experiencia de pacientes y médicos, no en estudios científicos. Se necesita más investigación», señala.

Tim tomó su primer antidepresivo a los 20 años. La psiquiatra que lo trataba por entonces le recetó citalopram, un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS). Estos medicamentos bloquean la reabsorción de serotonina, por lo que favorecen que su concentración aumente en la hendidura sináptica (punto de enlace entre las neuronas).

El fármaco no resultó de gran ayuda para Tim. Por el contrario, le produjo disfunciones sexuales, un efecto secundario que se da con relativa frecuencia cuando se toma citalopram. Le recetaron otro antidepresivo, la duloxetina, un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina y noradrenalina (ISRSN). Lo estuvo tomando durante tres años. A diferencia de los ISRS, los ISRSN no solo aumentan el nivel de serotonina, sino también el de noradrenalina, una hormona del estrés que, por lo general, activa el organismo. Pero Tim continuaba sufriendo depresión, acompañada ahora de sudoración nocturna y pesadillas. Ello llevó a que le cambiaran de nuevo la medicación: se le recetó otro ISRSN, la venlafaxina. Esta la toleró mejor.

En una encuesta realizada a más de 1700 personas con depresión sobre su experiencia con los antidepresivos, más de la mitad dio una opinión positiva sobre estos medicamentos. Los consideraban un tratamiento necesario y afirmaban que les había permitido cumplir con sus compromisos sociales. Algunos pacientes explicaron que para ellos habían significado un trampolín para salir de la depresión o un salvavidas. En cambio, casi el 30 por ciento de los encuestados declaró que había tenido experiencias buenas y malas con los antidepresivos, y un 16 por ciento, solo negativas. Entre los motivos para su valoración indicaron la falta de eficacia, unos efectos secundarios insoportables, el enmascaramiento de los problemas reales o un menor control de sí mismos. Los pacientes con posturas heterogéneas sopesaron, por lo general, la utilidad y los efectos secundarios desagradables. Por ejemplo, se sentían más tranquilos, pero menos ellos mismos.

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