Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Lo que la mirada revela

¿Me está engañando? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Qué tipo de persona es? Los psicólogos intentan leer las respuestas en la mirada de sus probandos.

unsplash / CloudyPixel (unsplash.com/photos/_tnkR2gu3kw)

En síntesis

Los ojos son el espejo del alma. Y, en muchos aspectos, son delatores. Cuando mentimos, permanecen relativamente inmóviles.

Las investigaciones sobre el seguimiento del ojo indican que, ante una pareja potencial, dirigimos nuestra mirada a partes concretas de su cuerpo.

Incluso la personalidad puede valorarse a partir de los movimientos oculares. Un programa informático permite predecir cuatro de los «cinco grandes».

Frases como «los ojos son el espejo del alma» o «lo veo en tus ojos» se oyen con frecuencia. Las personas somos seres visuales, que confiamos más en lo que vemos que en cualquier otra información sensorial. Y, para interpretar el comportamiento del otro, lo miramos a los ojos. En ellos, creemos reconocer el deseo, la ira o la alegría. No solo una imagen, sino también una mirada vale, a veces, más que mil palabras.

Mientras que las palabras pueden ser engañosas, parece que los ojos no mienten. Los investigadores han identificado algunas características que suele presentar una persona que miente. Por lo general, partimos de la base de que los individuos que no son sinceros no pueden mirar al otro a los ojos, sea por vergüenza, culpa o miedo. Jeffrey Walczyk, psicólogo en la Universidad Técnica de Louisiana en Ruston, indica, no obstante, que cuando las personas mienten, sus ojos permanecen relativamente inmóviles. La explicación la encuentra en el desafío cognitivo que ello supone, pues mentir es, desde el punto de vista mental, más desafiante que decir la verdad. Para resultar convincente hay que inventar una historia que coincida con lo que el otro sabe, pero sin contradecirse. Sin embargo, cuanto mayor es el movimiento ocular, más estímulos visuales se perciben, lo que puede distraer al «mentiroso». En cambio, fijar la vista permite concentrarse en la construcción interior de la mentira.

Walczyk y su equipo comprobaron su hipótesis en un estudio publicado en 2012. Mostraron vídeos de delitos reales a un grupo de estudiantes. Después, los entrevistaron como si de testigos se tratara. A unos participantes se les indicó que debían responder con la verdad, mientras que los otros tenían que mentir. Observaron que estos últimos no solo eran más lentos en responder, sino que también, tal y como se esperaba, manifestaban menos movimientos oculares.

Pero los ojos resultan delatores en otros aspectos. Según distintas investigaciones, las pupilas están más dilatadas cuando se miente. En este caso entra en juego el sistema nervioso autónomo, que se compone de dos adversarios: mientras que la parte parasimpática se relaja y disminuye tanto el ritmo de los latidos del corazón como la respiración, el sistema nervioso simpático activa el organismo y aumenta la atención y la tensión. Ello puede favorecer que se dilaten las pupilas. Se sabe que las personas que mienten están más tensas. Al fin y al cabo, temen que su engaño se descubra.

Uno de los terrenos en los que los humanos deseamos saber la verdad es el del amor. ¿Esa persona me quiere por sexo o está realmente enamorada de mí? La cantante de soul, Betty Everett, afirmaba en una de sus canciones: «Si quieres saber si él te quiere, [la respuesta] está en su beso». Pero parece que los ojos también delatan gran información sobre los intereses de la otra persona. El lugar hacia dónde dirige la mirada puede destapar si busca amor o placer. En 2014, Stephanie Cacioppo, psicóloga de la Universidad de Chicago, y otros investigadores mostraron a unos probandos, a través de la pantalla de un ordenador, imágenes de parejas heterosexuales que se miraban mutuamente o que interaccionaban. A continuación, los participantes miraron fotografías de personas atractivas del sexo opuesto. En los dos casos, pidieron a los probandos que indicaran tan rápido como les fuera posible qué sentimientos les provocaban las imágenes. Los hombres, al igual que las mujeres, tendían a mirar más a menudo y por más tiempo el rostro de la persona fotografiada cuando las imágenes producían una emoción romántica. En cambio, si la fotografía desencadenaba un interés sexual, la mirada se dirigía al resto del cuerpo.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

También te puede interesar

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.