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1 de Enero de 2010
Función cerebral

Neurobiología de la confianza

Nuestra inclinación a confiar en un extraño proviene, en buena medida, de la exposición a una molécula conocida por una función enteramente diferente: inducir el parto.
Getty Images / MARK ANDERSEN (mujer); Getty Images / RYAN McVAY (hombre)
¿Nos dejaríamos caer de espaldas en los brazos de un extraño confiando en que va a recogernos? Situación un tanto extrema, pero ejercicio común en la terapia de grupo. Día tras día, sin embargo, la mayoría de la gente deposita algún grado de confianza en individuos desconocidos. A diferencia de otros mamíferos, los humanos tendemos a pasar gran cantidad de tiempo cerca de personas que no nos son familiares. En las ciudades, navegamos entre un mar de desconocidos; a algunos decidimos evitarlos, pero confiamos en que otros nos puedan orientar bien hacia nuestro destino y, en el peor de los casos, que no nos ataquen.
En los años más recientes, se ha empezado a desvelar el proceso que sigue el cerebro humano para determinar cuándo se ha de confiar en alguien. Mis colegas y yo hemos demostrado que ahí desempeña una función esencial cierta molécula antigua y sencilla, sintetizada en el cerebro: la oxitocina. Abrimos así nuevos caminos para descubrir el origen y el tratamiento de trastornos caracterizados por la disfunción de las interacciones sociales.

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