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1 de Septiembre de 2015
Neurociencia

Alimentación para la neurogénesis

En determinadas áreas cerebrales siguen formándose neuronas durante la adultez, un fenómeno que contribuye, sobre todo, a reforzar la memoria. Ciertos alimentos favorecen el proceso.

OLIVER WEISS

En síntesis

El cerebro humano puede formar neuronas nuevas a lo largo de la vida. Este proceso sucede en determinadas regiones cerebrales.

La alimentación repercute en la neurogénesis: el ayuno, la reducción de calorías y ciertos nutrientes, entre los que destacan los ácidos grasos omega 3 y los polifenoles, estimulan el aumento del número de células nerviosas.

Los hábitos alimentarios pueden favorecer el rendimiento cognitivo, caso de la memoria, a través de sus efectos beneficiosos en la neurogénesis.

Agitado, el ratón se desplaza a nado por la piscina de agua tintada. Su único objetivo es escapar de allí cuanto antes. Para eso debe encontrar una plataforma oculta bajo la superficie del fluido opaco. La misión no debería resultarle difícil, pues ya ha tenido que superar la prueba en más de una ocasión. No sabe que el laberinto acuático de Morris es una de las herramientas que más suelen usar los investigadores para medir la capacidad de aprendizaje en los roedores.

En cambio, el ratón que nada en el recipiente redondo del laboratorio de neurobiología del King’s College de Londres alcanza la plataforma rescatadora sin problemas. De hecho, se dirige directamente a ella. Señal de que su memoria se halla preservada. Al parecer, la dieta especial con la que el equipo dirigido por Sandrine Thuret ha alimentado al animal durante unas semanas antes del chapuzón decisivo ha surtido efecto. Pocos días después de la hazaña en la piscina, la investigadora estudia el cerebro del múrido: el órgano presenta un número elevado de neuronas recién formadas.

Si consideramos que lo que funciona en los ratones también es aplicable a los humanos, el experimento demuestra que podemos favorecer nuestro rendimiento mental mediante la alimentación. Ello no supone beber un café bien cargado para aumentar, a corto plazo, la capacidad cognitiva o ingerir otras sustancias estimulantes. Con frecuencia, esta «estimulación neurológica» no se halla exenta de consecuencias secundarias; además, sus efectos como potenciadores del rendimiento intelectual suelen ser transitorios.

Cuando se habla de alimentación sana, suele pensarse en enfermedades cardiovasculares u otras circunstancias médicas que pueden prevenirse con la dieta. Hace tiempo que se sabe que las grasas animales favorecen la arteriosclerosis y que la fruta refuerza el sistema inmunitario. Del mismo modo, nuestro cerebro necesita el aporte diario de múltiples sustancias nutritivas. Existen estudios que demuestran que el tipo de alimentación influye en nuestra capacidad de aprendizaje y nuestro estado emocional.

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