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1 de Septiembre de 2015
Neurología

El claustro, director de la consciencia

En la profundidad del cerebro se aloja el claustro, un área reducida y bien conectada, cuya función todavía se desconoce. Las experiencias alucinatorias de consumidores de droga respaldan la hipótesis de que dirige nuestra mente consciente.

THINKSTOCK / JULIO VIARD (manos con batuta); THINKSTOCK / SVISIO (neuronas)

En síntesis

Las bases neurológicas de la consciencia siguen siendo unas grandes desconocidas. Mas, se sabe que a partir de diversos componentes procesados en distintos lugares del cerebro se forma un todo.

Es probable que el proceso integrador acontezca en el claustro, según la hipótesis aún vigente de Francis Crick y Christof Koch.

Los efectos estupefacientes de la planta Salvia divinorum afectan la función del claustro. Este hallazgo habla a favor de la tesis de Crick y Koch.

Julio de 2002. En la ciudad sudcaliforniana de La Jolla, a orillas del océano Pacífico, Francis Crick escribe un trabajo de investigación, el cual se convertirá en el último de su vida. Este premio nóbel de medicina de 1962 por el descubrimiento de la estructura en doble hélice de la molécula de la herencia, el ADN, se decantó a lo largo de su carrera profesional cada vez más por una materia de estudio diferente: el cerebro [véase «Francis Crick y la sede de la consciencia», por José María Valderas; en este mismo número].

¿Cuál es la base biológica de la consciencia humana? ¿Qué sucede en el cerebro para que nos reconozcamos a nosotros mismos como un yo en interacción con el entorno a través de los sentidos? Estas cuestiones apasionaban a Crick. Finalmente lo condujeron hasta una región poco investigada que se halla en lo profundo de nuestra estructura cerebral: el claustro. Antes de proseguir debemos refrescar algunos conocimientos.

El cerebro humano contiene unos cien mil millones de neuronas conectadas entre sí. Muchas de estas células nerviosas se encuentran en áreas cerebrales que cumplen funciones importantes, aunque no relevantes para la consciencia. El tronco cerebral, por ejemplo, regula nuestra temperatura corporal. Se trata de una función indispensable para vivir, pero no somos conscientes del proceso.

Otras regiones cerebrales procesan informaciones de las que solo más tarde tomamos consciencia. En un principio, no somos conscientes de las señales nerviosas que emiten las neuronas de la retina, solo merced a la actividad de áreas superiores vemos la luz que incidió en la retina. Estas representaciones captadas a través de nuestros órganos de los sentidos suelen localizarse en la corteza cerebral.

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