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1 de Septiembre de 2015
Psicología

La rutina sienta bien

Los hábitos cotidianos pueden convertir la vida en más sustanciosa.

EIKO OJALA

Piense en el acontecimiento más importante de su vida. Tal vez evoque su boda, un viaje a la India o un salto en caída libre desde un avión. No será, desde luego, el hábito de cepillarse los dientes. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que las regularidades triviales de nuestra vida pueden contribuir, y mucho, a darle sentido y significado general.

Por laxo que suene, hallar significado a la vida es parte integrante de nuestro bienestar. Las investigaciones han asociado este concepto con la buena salud mental, el éxito laboral y la longevidad. Y los psicólogos han propuesto tres aspectos al respecto: sustancia, finalidad y coherencia. Con otras palabras, la vida tiene sentido cuando se la considera importante, cuando parece que tiene una finalidad y una coherencia lógica. Los dos primeros aspectos se han estudiado extensamente, pero la importancia de la coherencia no fue verificada de forma directa hasta 2013, año en que Samantha Heintzelman, Jason Trent y Laura King, psicólogos de la Universidad de Missouri, comunicaron en Psychological Science que incluso un sencillo patrón visual puede engendrar mayor significado.

En su estudio, 77 probandos observaron 16 fotografías de árboles, las cuales se presentaban en unos casos al azar y en otros de forma secuencial a tenor de las estaciones del año. Los sujetos que observaron la​ secuencia estacional informaron que hallaban mayor sentido a la vida que los otros probandos, según un cuestionario que cumplimentaron al poco de la tarea visual. A otros 229 voluntarios les mostraron tríadas de palabras durante unos pocos segundos cada una. En alguna existía cierta vinculación semántica (por ejemplo, «fugaz», «actor» y «brillo» pueden asociarse a «estrella»), mientras en otras no. Los individuos que leyeron tres términos con relación semántica daban más valor a la vida que quienes leyeron palabras dadas al azar.

Heintzelman y King informaron el año pasado en American Psychologist que, por lo común, las personas consideran que la vida tiene bastante sentido. Heintzelman añade: «Al combinar estas dos líneas de pensamiento —que el sentido de la vida es cosa corriente y que puede ser deducido de la coherencia— nos planteamos: ¿qué aspectos de nuestra vida cotidiana son coherentes?».

Una respuesta es la rutina. En un trabajo que se presentó en febrero en el congreso anual de la Sociedad de Personalidad y Psicología Social de Estados Unidos, sus autores solicitaron a los probandos que resolvieran cinco laberintos. A algunos sujetos se les propuso enredos que admitían soluciones parecidas, por lo que inducían a un hábito. Tras la prueba, estos individuos afirmaron que hallaban más significado a la vida. Los científicos explicaron, asimismo, que los individuos que, según una encuesta sobre hábitos cotidianos, «prácticamente todos los días hacían unas mismas cosas» hallaban la vida más sustanciosa, incluso si se tenían en cuenta aspectos como la atención consciente, la positividad o la religiosidad.

Resulta un poco chocante la idea de que los hábitos corrientes puedan aportar sentido, considera Heintzelman. «Históricamente, no ha sido así como se ha pensado sobre el sentido y significado de la vida; es como si esta noción hubiera sido apeada de su pedestal.»

Dejados aparte árboles, tríadas y laberintos raros, Heintzelman sugiere que podemos encontrar sentido a la vida si mantenemos la oficina ordenada, nos atenemos diariamente a un horario, celebramos cenas o reuniones semanales con los amigos o vamos todos los días al trabajo por el mismo camino. «Las aplicaciones son casi obvias», añade. La coherencia de una vida ordenada pone los cimientos para empresas más altas; otro tanto vale para los aspectos de finalidad e importancia.

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