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1 de Septiembre de 2015
Aprendizaje

La trascendencia del aprendizaje temprano

Muchos padres están encantados con que sus hijos aprendan idiomas, música u otros contenidos ya en la guardería. Pero ¿es realmente efectiva una enseñanza estructurada tan precoz? ¿Qué dicen los expertos?

THINKSTOCK / INARIK

En síntesis

Muchos padres apuntan a sus hijos de corta edad a diversas actividades con el fin de beneficiar su desarrollo cognitivo. Sin embargo, no se ha demostrado que el aprendizaje organizado y estructurado incremente por sí solo la inteligencia.

Los niños que cuentan con personas de refe­rencia que les trasmiten seguridad aprenden mejor. Además, logran lidiar de manera más adecuada con el estrés, sus sentimientos y sus necesidades.

Con frecuencia, los niños de familias desfavorecidas presentan más retraso en el desarrollo cognitivo; por ello deben recibir más apoyo en la guardería.

Pablo, de un año de edad, se muestra curioso. Acaba de descubrir una pieza redonda de madera. La observa con atención, se pone la mitad en la boca, comprueba el tacto del material y, finalmente, la hace rodar hacia una de las educadoras de la guardería a la que le llevan cada mañana. Atento, observa la reacción de la docente. Esta le agradece el «regalo» y empuja la pieza hacia Pablo. El niño se ríe e inicia de nuevo el juego.

Este tierno descubridor se encuentra al principio de un camino repleto de desafíos. Según los investigadores, cómo los afrontará y si logrará superarlos se decide ahora, en los primeros años de vida. A temprana edad, los niños practican, bien en casa, bien en el jardín de infancia, los recursos que más adelante necesitarán para lograr una vida feliz y satisfactoria. Observan los movimientos y conductas de sus padres. Empiezan a hablar y a entender relaciones. Aprenden a mantenerse firmes ante sus hermanos o los compañeros de la guardería; también a posponer sus deseos frente a las necesidades de otros. De este modo, adquieren competencias indispensables en nuestra sociedad: lenguaje, inteligencia y capacidades emocionales y sociales. Este proceso de aprendizaje durante los primeros cinco o seis años de la niñez se conoce como socialización en la primera infancia.

Sin embargo, ha surgido una moda que, al parecer, inquieta a muchos padres y madres. De repente, parece que las condiciones para una vida exitosa solo se puedan lograr con una estimulación especial: clases de chino, piano o yoga ya aparecen en la programación de niños de cuatro años, cuyos progenitores no quieren dejar pasar la oportunidad. Algunos practican números y letras en la guardería, observan las células de una cebolla bajo el microscopio o aprenden una lengua extranjera. Mas ¿qué cantidad y, sobre todo, qué tipo de estímulo temprano resulta útil?

Un grupo de trabajo de la alemana Academia Nacional de Ciencia Leopoldina ha investigado la cuestión. Quince expertos en psicología, medicina, lingüística, biología, pedagogía, sociología y economía, algunos de ellos de reconocimiento internacional, han contribuido con conocimientos novedosos en sus ámbitos. En 2014 publicaron su postura sobre la socialización en la primera infancia.

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