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1 de Septiembre de 2015
Neurociencia

Marcadores conductuales y biológicos para el diagnóstico temprano del alzhéimer

El estudio en ratones transgénicos con la enfermedad de Alzheimer contribuye a conocer los síntomas psicológicos y conductuales asociados a la demencia.

Un ambiente enriquecido desde un punto de vista social (grupo de individuos), cognitivo (objetos que se renuevan cada dos días) y físico (ejercicio moderado y regular) a lo largo de la vida aporta efectos beneficiosos a los ratones de control. En ejemplares transgénicos con la enfermedad de Alzheimer se ha visto que este tratamiento no farmacológico logra mejorar algunos aspectos cognitivos, los síntomas ­psicológicos y conductuales asociados a la demencia, así como varios signos neuro-inmuno-endocrinos a causa de la enfermedad. Incluso se reduce la mortalidad prematura de los animales enfermos. [CORTESÍA DE: UNIDAD DE PSICOLOGÍA MÉDICA / UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA]

El creciente envejecimiento que ha experimentado la población occidental a lo largo del pasado siglo XX, ha conllevado que un mayor número de personas afronte enfermedades que aumentan con la edad, así como una sociedad envejecida que adolece de forma distinta a la de nuestros antepasados. En el caso de las demencias, la asociada a la enfermedad de Alzheimer es la más frecuente.

Las manifestaciones clínicas del alzhéimer son complejas y heterogéneas: van más allá de la pérdida de memoria progresiva y las características alteraciones cognitivas. También aparecen síntomas psicológicos y conductuales asociados a la demencia (SPCD), entre ellos, depresión, apatía, estados psicóticos, ansiedad, fobias, agresividad e hiperactividad. Cualquiera de ellos agrava la calidad de vida del paciente y de sus cuidadores. Y, en la mayoría de los casos, determinan irremediablemente la institucionalización del afectado.

Por ello, los estudios que evalúan la eficacia terapéutica sobre la memoria buscan asimismo disminuir estos otros síntomas. Después de varios decenios de investigación en torno a las estrategias de tratamiento y del hallazgo de fármacos que ralentizan el progreso de los síntomas cognitivos de la enfermedad, parece que la comunidad científica ha dado un nuevo paso hacia adelante. En el año 2011, de forma consensuada, el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, que forma parte de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, y la Asociación de Alzheimer, también estadounidense, enfatizaron la importancia de estudiar la larga fase preclínica de la enfermedad, es decir, aquella en la que los síntomas típicos en la memoria aún no resultan apreciables. Este período abarca diez o incluso veinte años cruciales, en los que los cambios patológicos se producen de forma aparentemente silenciosa. Es aquí donde marcadores biológicos y conductuales que delaten la existencia de estos cambios pueden convertirse en herramientas con un enorme potencial diagnóstico o incluso terapéutico y preventivo que puede ser trascedental. Hoy por hoy, el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer continúa siendo post mórtem. En otras palabras, en vida solo podemos asegurar que se trata de un «posible» o bien «probable» alzhéimer.

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