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1 de Enero de 2013
Psicología

Duelo

La muerte de un ser querido resulta tan dolorosa para algunas personas que no quieren aceptar su pérdida. En su lugar, se refugian en los recuerdos. Los psicólogos investigan las bases subyacentes al duelo patológico.

FLORIAN SCHMITT

En síntesis

Cuando una persona presenta un duelo complicado o patológico, además de dolor, siente una intensa nostalgia cuando piensa en el fallecido.

Cuanto más se intenta evitar los pensamientos recurrentes sobre la muerte de la persona amada, más se aviva el duelo.

Confrontarse con los recuerdos dolorosos ayuda a superar la pérdida.

Muere una persona. Deja atrás a su familia, amigos y a su pareja. La pérdida resulta casi inconcebible, consterna y hace sufrir. La persona amada que hasta hace poco explicaba su día a día y dormía en la misma cama, simplemente, ya no está... y nunca más volverá.

Bajo esas circunstancias, ¿cuál es la reacción «normal»? ¿Cuánto puede prolongarse el luto? Médicos y psicólogos han creído durante largo tiempo que el proceso de duelo abarca diversos estadios comunes a todas las personas. Tras el impacto y una primera fase de no querer aceptar el suceso, resultan inevitables ciertos sentimientos (desesperación, culpa, ira o miedo). «El afectado debería aceptarlos», opina Verena Kast, de la Universidad de Zúrich. Según esta psicoanalista, solo cuando se acepta la pérdida y se considera al difunto una especie de guía interior, se está capacitado para construir nuevas relaciones y proseguir con la vida.

¿Deberían los afectados trabajar su duelo en un proceso intenso y prolongado? George Bonanno, psicólogo de la Universidad de Columbia en Nueva York, considera este principio un mito. «No existen unas reglas establecidas sobre cómo debería transcurrir un duelo sano», concluye en su estudio longitudinal de 2002. Bonanno y sus colaboradores analizaron los datos de una muestra representativa de más de 1500 parejas de ancianos casados. Los participantes describían su estado anímico y el grado de satisfacción con su matrimonio. En el trascurso del estudio murieron más de 200 probandos. Los investigadores preguntaron por el estado anímico de los sujetos enviudados al cabo de seis meses; también pasado año y medio de la muerte de su consorte.

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