El miedo en el cerebro

Dos regiones de la corteza prefrontal orquestan de manera conjunta, pero independiente, el miedo y la ansiedad. El estudio con primates del Nuevo Mundo ayuda a comprender este proceso cerebral en los humanos.

CARMEN AGUSTÍN PAVÓN

Un peligro real o que vemos aproximarse con certeza nos provoca una respuesta de miedo. Estímulos menos explícitos y que implican incertidumbre sobre la amenaza, nos producen, en cambio, ansiedad. En ambos casos se trata de respuestas adaptativas que ayudan a los seres vivos a escapar airosos de situaciones peligrosas. Sin embargo, ciertas patologías neuropsiquiátricas (el trastorno de ansiedad generalizada, el de pánico o las fobias, entre otras) cursan con miedo o ansiedad exagerados frente a estímulos inocuos.

Al parecer, ambas emociones dependen de circuitos neurales paralelos, parcialmente superpuestas en ciertas zonas, que unen la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal. Investigaciones con roedores han demostrado que la corteza prefrontal resulta clave en la regulación del miedo y la ansiedad. Asimismo, estudios con pacientes que sufren patologías neuropsiquiátricas relacionadas con la ansiedad han revelado disfunciones en dicha estructura cerebral. Con todo, la comparación directa de los resultados de los estudios básicos en roedores con los de investigaciones llevadas a cabo en humanos no supone tarea fácil, en gran parte, por la enorme complejidad del lóbulo frontal de estos últimos.

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