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1 de Enero de 2013
Psicología social

«La empatía no se puede aprender»

Una de las máximas expertas en psicología del desarrollo, Uta Frith, explica cómo el estudio del autismo y la teoría de la mente, es decir, la capacidad de atribuir pensamientos e intenciones a otras personas, han ido de la mano. Ella es, en gran parte, la responsable.

WIKIMEDIA COMMONS / KATIE CHAN / CC BY-SA 3.0

Existen personas que con su trabajo han contribuido a revolucionar la manera en que los humanos se ven a sí mismos. Como Uta Frith, del Instituto de Neurociencias Cognitivas del Colegio Universitario de Londres. Esta psicóloga ha hallado una facultad cognitiva, la teoría de la mente, que permite a las personas percatarse de las emociones ajenas, por lo que posibilita la interacción social. En un inicio, Frith intuyó la existencia de tal capacidad al trabajar con pacientes con autismo. En un segundo momento, ella misma, además de otros neurólogos, ha demostrado que la teoría de la mente va más allá de una hipótesis. De hecho, consiste en un proceso mental con precisas bases neurobiológicas visibles mediante las modernas técnicas de neuroimagen. Sus estudios han permitido analizar las especificidades genuinas humanas de la interacción recíproca: aun estando los demás animales dotados de algunos elementos de la teoría de la mente, no parecen capaces de aplicarla como nuestra especie.

Hasta hace no mucho, el autismo solía atribuirse a una mala relación entre madre e hijo. ¿Qué ha contribuido a cambiar esta idea?

Inicialmente, los estudios sobre la teoría de la mente no bastaron para contradecir la teoría psicógena del autismo. Algunos expertos sostenían que la incapacidad de leer la mente del otro (mentalización) era consecuencia de la carencia emotiva más que su causa. El desarrollo de las técnicas de neuroimagen y de la genética ha dado un apoyo seguro a la hipótesis de un factor biológico.

Conviene recordar que todavía hoy desconocemos la causa primigenia de la enfermedad, aunque, por lo general, se está de acuerdo en que existe una predisposición genética y que, a nivel neurológico, el trastorno se manifiesta durante el desarrollo intrauterino. El autismo puede presentarse con distintos niveles de gravedad, por lo que no se considera una enfermedad única, sino un espectro de trastornos que van desde las formas más leves hasta las más devastadoras, incompatibles estas últimas con una vida autónoma.

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