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1 de Enero de 2013
Adicción

La rutina del pitillo

La dependencia de la nicotina no solo se manifiesta en el centro neuronal responsable de la adicción. La tendencia a coger un cigarrillo también deja huella en regiones sensoriales y motoras del cerebro.

FOTOLIA / JULIA SUVOROVA

En síntesis

Junto a los centros cerebrales de recompensa, las áreas sensoriales y motoras desempeñan una función destacada en la adicción al tabaco.

La corteza visual de un fumador se muestra más activa ante imágenes asociadas al consumo del tabaco. Es decir, procesa con mayor intensidad el estímulo.

Cuando los adictos reciben estímulos relacionados con su adicción también se activan áreas motoras, entre estas, la corteza premotora, fenómeno que promueve el consumo.

Una mañana cualquiera. Una persona cualquiera. La alarma del despertador resuena en sus oídos, arrastra los pies hasta la cocina, alcanza cual autómata el recipiente de café soluble, vierte con una cucharilla la cantidad habitual de cafeína en una taza, añade agua e introduce el resultado en el microondas. En ningún momento recapacita sus movimientos, ni cuando abre la puerta del microondas y sustrae la taza de café humeante de su interior, tal es la rutina del ritual matutino. Incluso si el envase de café no se encuentra en el sitio de costumbre, de inmediato le salta a la vista desde su nueva situación. ¿Cómo es posible?

Existe una sencilla explicación. Las personas dirigimos la atención en especial a aquello que nos resulta agradable, caso del café. Esta bebida estimulante goza de gran «prominencia», dirían los científicos. Cuán saliente (relevante) se considera un estímulo y hasta qué punto su manejo se convierte en una rutina depende de las experiencias de cada persona.

Pero el proceso de aprendizaje no solo interviene en la preparación del café matutino. También los fumadores desarrollan un programa automático cuando ven la cajetilla de tabaco, extraen de su interior un cigarrillo, se lo colocan entre los labios, lo encienden e inspiran el humo. Al parecer, los humanos integramos los estímulos relacionados con sustancias adictivas, como la nicotina, de manera particularmente eficiente en el repertorio de conductas.

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