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1 de Enero de 2017
Psicología infantil

La ventaja de la fantasía

Los niños aprenden mejor cuando la información se rodea de magia e imaginación.

GETTY IMAGES / JOHN LUND

En síntesis

Durante mucho tiempo, los psicólogos pensaban que jugar a simular historias y personajes propiciaba más el aprendizaje cuanto más realistas eran las situaciones simuladas.

Las últimas investigaciones apuntan a que un contexto fantástico puede mejorar el ren­dimiento del aprendizaje de un niño en algunos casos: es lo que se conoce como la ventaja de la fantasía.

Esta ventaja puede reflejar el hecho de que desde la infancia tenemos tendencia a prestar atención sobre todo a situaciones que no se ajustan a los patrones ordinarios.

En Peter Pan, la clásica obra de teatro de J. M. Barrie, los hermanos Darling se embarcan en una aventura con Peter, un niño travieso que se niega a crecer. En el País de Nunca Jamás conocen hadas, combaten a piratas y se encuentran con criaturas sobrenaturales. El cuento, que ha servido a los chavales durante generaciones como inspiración para recrear juegos similares, parece indicar que se puede permanecer joven de corazón si nos dejamos llevar por las maravillas de la imaginación.

A casi todos los niños les gusta perderse en mundos fantásticos. Pero ¿por qué usan tanto la imaginación? Los científicos que estudian el comportamiento llevan décadas cavilando la respuesta.

A principios del siglo xx, los psicólogos consideraban frívolas las actividades imaginativas: divertidas pero carentes de un verdadero propósito. Opinaban que los niños debían renunciar a la fantasía si querían desarrollarse completamente como pensadores maduros. En fecha más reciente ha surgido un nuevo punto de vista. Jugar, lejos de ser inútil, se considera de crucial importancia para el desarrollo de los más pequeños. Cuando los niños juegan, pueden recrear acontecimientos que los han asustado o confundido como una manera de dar sentido a estas experiencias. Por medio de las situaciones hipotéticas que aparecen en los relatos y que ellos reproducen cuando juegan, los niños aprenden sobre el mundo que los rodea y exploran el lugar que ocupan en él. Hoy en día, los defensores del «juego libre» argumentan que el tiempo no estructurado que se dedica a actividades imaginativas ayudaría a los niños a ser más felices, creativos y sociables.

Sin embargo, existe un ámbito concreto en el que el juego imaginativo no parece provechoso: la educación. Décadas de investigación demuestran que cuando se trata de instrucción, el contexto para aprender algo novedoso debe ser lo más parecido posible a la situación en la que se aplica. Siguiendo esta lógica, si para el aprendizaje se utilizan situaciones ficticias, lo óptimo es que

estas sean lo más realistas posible. En una investigación efectuada en 1989 con niños hospitalizados de la Clínica Scott & White de Texas, quienes practicaron juegos terapéuticos (jugar a los médicos, por ejemplo) mostraron menos miedo a los hospitales que los que realizaron otro tipo de entretenimientos.

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