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Neurocirugía por ultrasonido

En la actualidad, los cirujanos pueden intervenir en zonas profundas del cerebro atacándolas con haces de ultrasonidos. Esta técnica abre una nueva era de tratamientos más rápidos, seguros y que no requieren practicar incisiones.

ISTOCK / JOHNNYGREIG

En síntesis

La terapia ultrasónica focalizada de alta intensidad utiliza haces de ultrasonidos para neutralizar o destruir áreas cerebrales determinadas. De momento, se emplea de manera experimental.

Esta técnica puede resultar ­sobre todo beneficiosa en el tratamiento de las dolencias relacionadas con estructuras subcorticales, como son los trastornos motores.

Se está investigando el uso de haces ultrasónicos para «abrir» la barrera hematoencefálica por un breve espacio de tiempo y favorecer, de esta manera, el tratamiento anticoagulante.

Carol Aldrich sintió por primera vez un ligero temblor en la mano derecha cuando apenas tenía 50 años. Trabajaba con un optometrista en Port Townsend, en Estados Unidos. A diario, sus dedos llevaban a cabo delicados trabajos: sustituían lentillas rotas por nuevas y reparaban monturas de gafa. Al principio, el temblor era intermitente, aparecía y de­saparecía, aunque en ocasiones le imposibilitaba el manejo preciso de destornilladores y de frágiles piezas de óptica. «Pensé que había tomado demasiado café», ­recuerda.

De manera progresiva, el temblor fue persistiendo cada vez más. «Al cabo de un tiempo pasó a ser constante», describe Aldrich. Visitó a su médico de cabecera, quien le diagnosticó temblor esencial, el trastorno motor más frecuente en la actualidad: alrededor del 5 por ciento de las personas mayores de 64 años de todo el mundo lo sufren. La causa todavía se desconoce, aunque se sabe que, en muchas ocasiones, varios miembros de una misma familia presentan la patología. Este tipo de temblor se caracteriza por pequeños movimientos rápidos de vaivén que oscilan con una frecuencia mayor de cinco veces por segundo. Por lo general, el síntoma afecta a las manos y a la cabeza, pero puede darse en otras partes del cuerpo, incluso en la voz. Normalmente, los pacientes empeoran con el tiempo.

En cinco años, el temblor que Aldrich presentaba en la mano izquierda fue a más. Al cabo de un decenio, se había extendido a su cabeza. Finalmente, los síntomas también han deteriorado su autoestima. «El temblor me hace sentir vieja», se lamenta. A pesar de que el trastorno recibe a veces el nombre de «temblor esencial benigno», para muchos afectados no se corresponde en nada con ese adjetivo: la inmensa mayoría, alrededor del 80 por ciento, afirma que ha transformado su vida. De acuerdo con un estudio llevado a cabo en 1994 por neurólogos del actual Instituto de Neurología del Colegio Universitario de Londres, esta dolencia ha provocado el cambio de trabajo o la jubilación precoz en alrededor de uno de cada cuatro casos. Más de la mitad de los afectados no encuentran empleo, y uno de cada tres confiesa haberse apartado de la vida social.

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