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Actualidad científica

  • 18/10/2018 - Sordera

    ¿Restaurar la pérdida de audición?

    Experimentos realizados en ratones identifican una proteína cuya estimulación promovería la regeneración de las células sensoriales dañadas por el exceso de ruido o la edad.

  • 17/10/2018 - astronomía

    Pero ¿cómo se forman realmente los planetas?

    Como un coche que pesa el doble que el acero con que lo hicieron, los exoplanetas tienen una masa mucho mayor que el material del que surgen. Este nuevo hallazgo pone en entredicho las teorías de la formación planetaria.

  • 17/10/2018 - Comportamiento

    Por qué vivir en pareja engorda

    Los hábitos comunes que se adquieren durante la convivencia son los responsables del aumento de peso.

  • 16/10/2018 - astronomía

    Grandes penitentes de Europa

    Recuerdan a los nazarenos de una procesión, con sus ropas blancas y sus capirotes. Son unas agudas cuchillas de hielo que se juntan a cientos en neveros o campos de hielo. Y no las hay solo en la Tierra.

  • 16/10/2018 - Nutrición

    Aquello que comemos puede afectar a nuestros bisnietos

    En ratones, la sobrealimentación de los progenitores promovería la aparición de conductas de drogadicción e induciría cambios metabólicos característicos de la obesidad en sus descendientes. Los efectos se observarían a lo largo de tres generaciones.

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  • Mente y Cerebro
  • Enero/Febrero 2017Nº 82

Epigenética

Una cuestión de cultura

La dotación genética influye en nuestro comportamiento. No obstante, el ambiente cultural condiciona la forma en que se produce esa influencia. Ello explica que unas mismas variantes génicas produzcan efectos contrarios en asiáticos y europeos.

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Qué nos influye más, la genética o el ambiente? La respuesta parece clara desde hace años: tanto una como el otro marcan nuestra percepción, nuestros pensamientos y sentimientos. Sin embargo, hay un factor que se ha pasado por alto durante todo ese tiempo: la cultura. A lo largo de milenios se han establecido culturas con costumbres, modales, valores y modos de pensar distintos. Estas diferencias y particularidades se abordan en numerosos estudios antropológicos y psicológicos. A menudo, la atención de estos trabajos se centra en el contraste entre las culturas occidentales («independientes») de Europa o Estados Unidos, por un lado, y las culturas asiáticas orientales («interdependientes») de Japón, China o Corea, por el otro.

Estas diferencias culturales también se plasman en las funciones cerebrales. En 2014, Shihui Han y Yina Ma, de la Universidad de Pekín, evaluaron 35 estudios en los que, mediante resonancia magnética, se había analizado la actividad cerebral de probandos de culturas distintas. Confirmaron que las personas de Asia Oriental presentaban una mayor actividad neuronal en las regiones cerebrales que se ocupan de los estímulos sociales y en las que participan en el autocontrol y la regulación de los sentimientos. Entre las personas de círculos culturales occidentales, por el contrario, detectaron una actividad más intensa en las áreas cerebrales más importantes para la consciencia de uno mismo.

¿Cuál es el papel de los factores hereditarios en este proceso? Hace mucho que los investigadores saben que los genes y el ambiente interactúan. En este punto se centran la mayoría de los estudios que se ocupan de la «interacción genotipo-ambiente» ante experiencias personales negativas, entre ellas, el estrés o los traumas. La depresión constituye un ejemplo clásico. Los portadores de un determinado gen de riesgo reaccionan al estrés de manera intensa y, en circunstancias agobiantes, tienden a la depresión [véase «Psicología genética», por Turhan Canli; Mente y Cerebro n.o 29, 2008].

Heejung Kim, psicóloga de la Universidad de California en Santa Barbara, concentra su investigación en la interacción genotipo-cultura. De acuerdo con su teoría, además de variantes génicas que aumentan la vulnerabilidad ante factores ambientales estresantes, existen variantes que sensibilizan ante diferencias culturales. Por tanto, las personas con determinadas constelaciones génicas se adaptan con firmeza a su correspondiente cultura. Si viven en Asia, su manera de pensar, su gestión de los sentimientos o su concepto de sí mismos resultarán típicos de Extremo Oriente. En Europa o en Estados Unidos, por el contrario, representarán de forma clásica el estilo de vida occidental. Según esta idea, determinadas variantes génicas darían lugar a patrones de conducta opuestos en función del ambiente.

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