Pérdida auditiva y demencia, ¿de la mano?

No pocas investigaciones relacionan la pérdida de audición a causa del envejecimiento con el deterioro cognitivo. Aunque todavía existen cuestiones por resolver, cada vez se conocen más detalles sobre la relación de estos procesos

Muchas personas con hipoacusia relacionada con el envejecimiento retrasan el uso de audífonos, a pesar de las limitaciones que tienen para oír. [GETTY IMAGES / VOVASHEVCHUK / ISTOCK]

En síntesis

La pérdida de audición a causa del envejecimiento aumenta el riesgo de sufrir demencia. Con todo, la mayoría de los afectados prescinden del uso de audífonos.

Junto a la repercusión directa que los daños auditivos producen en el cerebro, también resultan relevantes sus efectos indirectos, a saber, el aislamiento y la depresión.

El riesgo de presentar hipoacusia durante la vejez disminuye si desde edad temprana se evita la contaminación acústica y se utilizan audífonos desde el momento en que se necesitan.

Hoy en día, más de 50 millones de personas en el mundo padecen demencia. Esa cifra no deja de crecer y, según los pronósticos, podría triplicarse para 2050. ¿Es posible limitar esa tendencia mediante medidas específicas?

Una comisión de expertos dirigida por la psiquiatra Gill Livingston, del Colegio Universitario de Londres, describió en 2020 en The Lancet 12 factores de riesgo para la demencia que, según su análisis, generan el 40 por ciento del riesgo de desarrollar la enfermedad.  Entre esos factores figuran circunstancias que también suelen considerarse asociadas a la degeneración neurológica, como un bajo nivel educativo, la falta de contacto social, la contaminación del aire, los traumatismos craneoencefálicos y el sedentarismo. Sin embargo, el factor al que más peso le otorgan estos expertos es otro: la pérdida de la capacidad auditiva. La comisión considera que si se eliminase ese factor podrían evitarse alrededor del 8 por ciento de los casos de demencia.

La sordera paulatina suele experimentarse a partir de la madurez. Para entonces, nuestros oídos ya han aguantado lo suyo: el ruido del tráfico, del ocio y de nuestra actividad laboral dañan las delicadas estructuras del oído interno. Uno de los primeros signos son los problemas para percibir los sonidos de alta frecuencia. Por ese motivo, a los afectados les cuesta seguir las conversaciones, sobre todo si se encuentran en un entorno ruidoso, como un restaurante abarrotado. Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sordera adquiere relevancia clínica cuando se deja de oír sonidos con una intensidad inferior a 26 decibelios (dB). (Sirva de comparación: el tictac de un reloj de pulsera es de unos 20 dB y un cuchicheo, de aproximadamente 30 dB.) Según ese criterio, más del 40 por ciento de las personas mayores de 50 años de edad y el 70 por ciento de las que tienen más de 70 años presentan problemas de audición.

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