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  • Mente y Cerebro
  • Mayo/Junio 2018Nº 90

Psiquiatría

De la anorexia a la obesidad

La anorexia nerviosa, la bulimia y la obesidad, entre otros trastornos relacionados con la conducta alimentaria, suelen afrontarse de manera específica y por separado; sin embargo, ­presentan factores de riesgo comunes.

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Una persona con obesidad y otra con anorexia presentan más características en común de lo que a simple vista podría pensarse. Incluso un mismo sujeto puede mostrar, a lo largo de su vida, problemas de obesidad y de anore­xia. En otras palabras, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y la obesidad comparten factores de riesgo. Sin embargo, tales patologías se suelen estudiar y tratar como enfermedades independientes. La identificación de los riesgos comunes podría contribuir a desarrollar un modelo de prevención general y, de esta manera, ayudar a reducir un problema médico y psicosocial creciente. En concreto, se calcula que en España entre un 14,5 y un 28 por ciento de los adultos padecen obesidad, y entre un 4,1 y un 6,4 por ciento, anorexia nerviosa o bulimia nerviosa.

Pero ¿qué similitudes concretas presentan estos trastornos? Veamos con detalle los factores de riesgo ambientales (socioculturales y familiares) e individuales (biológicos, genéticos y psicológicos) que comparten los estados de peso extremo.

Influencias del entorno cultural y social

Desde hace años, la delgadez se considera un ideal de éxito y aceptación en las sociedades occidentales. Por otro lado, la oferta de comida y alimentos con un alto contenido calórico y un bajo valor nutricional ha aumentado de manera considerable. Esta combinación paradójica favorece que aumenten los casos de TCA y de obesidad entre la población, como demuestran las mayores tasas de anorexia o bulimia en las mujeres jóvenes europeas y los índices elevados de obesidad de los países más desarrollados.

Pero las poblaciones inmigrantes y minorías étnicas que residen en países occidentales también constituyen un grupo de riesgo para los TCA a causa, principalmente, del proceso de aculturación. Los medios de comunicación, sobre todo la televisión y las redes sociales, contribuyen posiblemente a ello, ya que impactan con fuerza en la configuración de los estilos de vida, en especial, en la de los adolescentes. No obstante, todavía se debate esta influencia mediática: los resultados de los estudios que se han llevado a cabo hasta ahora resultan controvertidos.

Asimismo, la obesidad crece a una velocidad alarmante en los países en desarrollo. De hecho, el fenómeno se está convirtiendo en un problema de salud mundial que afecta a diversos grupos de edad: niños, adolescentes y adultos. Todo ello se traduce en un incremento preocupante de personas que presentan pesos extremos en todo el planeta.

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