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1 de Mayo de 2018
Psicología

La felicidad se construye con sentido

Las personas que atribuyen un sentido a su existencia gozan de mejor salud psíquica y se sienten más felices. Otorgar un significado a la propia vida resulta más beneficioso que la mera búsqueda de placer.

GALLERY STOCK / IMAGE SOURCE

 

En síntesis

El hecho de otorgar sentido a la propia existencia depende de diversos factores, entre ellos, la coherencia que percibamos en nuestra historia vital.

Las fuentes de las que emerge el sentido de la vida varían de un individuo a otro. No obstante, la generatividad, es decir, el querer transmitir saberes y capacidades a la sociedad, ocupa un lugar destacado en ese propósito.

Las personas de los países en desarrollo raramente sienten que su vida carezca de sentido. Ello se debe, en gran parte, a su marcada religiosidad.

Una noche de verano, tumbados boca arriba sobre la arena de la playa, miramos al cielo y la naturaleza nos deleita: unas 3000 estrellas lucen ante nuestros ojos. Pero la Vía Láctea alberga muchas más: hasta 300.000 millones. A su vez, nuestra galaxia es una de entre, al menos, 100.000 millones. Tal grandeza y el silencio que nos envuelve en esos momentos nos invitan a cavilar. ¿Es posible que nuestro pequeño y breve paso por la vida tenga algún sentido?

Esta cuestión, tan antigua como la humanidad misma, ha ocupado a un sinnúmero de filósofos, artistas y religiosos. Aun así, no debe considerarse meramente un ejercicio reflexivo. La psicología ha demostrado, y sigue demostrando, que el sentido existencial comporta efectos beneficiosos físicos y psíquicos para los humanos. Numerosos estudios revelan que las personas que han encontrado un propósito vital se sienten satisfechas, optimistas, están más integradas socialmente y manejan mejor el estrés. Por el contrario, las crisis existenciales aumentan el riesgo de padecer ansiedad y depresión e, incluso, pueden conducir al suicidio.

La capacidad de experimentar la plenitud de la propia vida también ejerce efectos protectores desde el punto de vista médico. Así, las personas que han descubierto su sentido vital sufren menos ataques cardíacos, accidentes cardiovasculares y demencias. Los procesos inflamatorios del organismo, implicados en numerosas enfermedades crónicas, también son más reducidos en este grupo de individuos.

Después de que la psicología positiva se haya interesado durante decenios por lo que nos hace felices, los investigadores indagan cada vez más sobre si consideramos que nuestra vida tiene sentido o importancia. ¿Es posible que el «sentido pleno» constituya la nueva felicidad? ¿Cómo se alcanza ese estado?

«La mayoría de las personas reconocen, alguna vez, que no existe un sentido de la vida válido para todos los humanos», explica la psicóloga Tatjana Schnell, de la Universidad de Innsbruck y una de las pocas investigadoras especializadas en el tema. Según describe, el sentido de la vida puede reconocerse a través de cuatro características. Primero, la significación; es decir, la sensación de que lo que se lleva a cabo importa, que marca la diferencia. Segundo, la pertenencia, o el sentimiento de que se tiene un lugar en el mundo. Tercero, la coherencia, es decir, si lo que ocurre en la vida es armónico y congruente, y cuarto, la orientación, saber los valores y objetivos que se defienden.

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