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La mujer que dejó de articular palabras

La señora W. perdió, en unos años, la facultad de articular ciertas ­palabras, pero no se olvidaba de ellas. ¿La causa? Una forma de afasia degenerativa que intriga a los investigadores.

ISTOCK / ALDOMURILLO

En síntesis

La señora W. fue perdiendo, de forma progresiva, la capacidad de articular las palabras correctamente. Esa alteración la llevó a evitar las situaciones en las que debía hablar con otras personas.

La paciente presentaba una forma de afasia progresiva primaria no fluente. Su habla resultaba entrecortada y mal articulada. También utilizaba frases sencillas, incluso telegráficas.

La causa de la afasia progresiva primaria no fluente radica en una lenta degeneración de la corteza frontal. Existen otras dos formas de afasia progresiva primaria, las cuales se hallan relacionadas con la destrucción de otras áreas cerebrales.

La señora W., farmacéutica de 51 años, acudió a mi consulta en el parisino Hospital de la Pitié-Salpêtrière a causa de las dificultades que presentaba para articular palabras, síntoma que se había agravado de manera insidiosa en los últimos dos años, según supe. Todos los días iba a trabajar a su farmacia; no obstante, permanecía en la trastienda con la intención de no tener que hablar con los clientes. Por lo demás, su salud era excelente.

La afasia, o cuando las palabras desaparecen

Durante la entrevista, advertí que la paciente hablaba despacio y con una voz bastante monocorde. Además, articulaba mal los sonidos de su habla (fonemas), tanto que incluso a veces costaba diferenciarlos: en la palabra château («castillo»), el sonido ch se parecía al de una s y la t la pronunciaba como un sonido intermedio entre el de la t y la d. El orden y la selección de los fonemas se encontraban asimismo alterados. Por ejemplo, si le pedía repetir las palabras chasseur («cazador») y mardi («martes»), decía sacheur (invirtiendo la s y la ch) y mawerdi (añadía el sonido we). En cambio, escribía de manera correcta.

Sin embargo, cuando le mostraba una imagen y le pedía que la describiera por escrito, anotaba dos frases curiosas: «Évier est plein» («Fregadero está lleno») y «L’homme est debout sur chaise» («El hombre está de pie sobre silla»). Había omitido los artículos le («el»)y une («una»). Con todo, no parecía presentar ningún problema para comprender lo que le decía. En resumen, la señora. W. sufría dificultades para articular palabras, pero también para entender los aspectos más abstractos del lenguaje, como revelaba la omisión ocasional de artículos. Durante los siguientes años, estos trastornos se fueron agravando de forma inexorable, por lo que solicitó la jubilación anticipada. Tres años después de la primera consulta, sus palabras apenas resultaban inteligibles.

¿Qué dolencia sufría la señora W.? En un sentido amplio, estos trastornos del lenguaje se conocen como afasias, término que proviene del griego aphasía («privación de la palabra»). El poeta trágico griego Eurípides utilizó este vocablo para que Aquiles explicara que las palabras dejaban, por sorpresa, de acudir a su mente. Las afasias agrupan todos los problemas de emisión y comprensión del lenguaje que sobrevienen tras una lesión cerebral. En el siglo xix, el estudio de este tipo de enfermedades permitió a los neurólogos iniciar la cartografía de las regiones del lenguaje en el cerebro. Cuando se dañan las famosas áreas de Broca y de Wernicke, además de otras, el paciente sufre una afasia. Las causas más frecuentes son los accidentes cerebrovasculares: la afasia aparece de forma repentina cuando se tapona o se rompe una arteria del hemisferio izquierdo.

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