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1 de Mayo de 2018
Psicología

Relación entre el trastorno físico y el dolor crónico

Un accidente puede provocar dolores inexplicables largo tiempo después de la trágica experiencia; y a la inversa, los dolores repetidos pueden generar un trauma psíquico.

Una experiencia traumática, como un accidente de tráfico con consecuencias trágicas, puede originar secuelas físicas al cabo de unos años. [ISTOCK/VIKTORCVETKOVIC]

Pierre, de dos años de edad, se encuentra sentado en el asiento trasero del vehículo, en su sillita de bebé. De repente, el vehículo se empotra en un platanero. Sus padres apenas han tenido tiempo de gritar. El padre fallece. El niño sufre un golpe, pero no presenta secuelas. La madre también sobrevive. Quince años después del trágico accidente, Pierre sufre unos dolores continuos en la espalda, pero nadie sabe encontrar su causa ni alivio. ¿Es posible que un suceso en la infancia, sin daños aparentes, se traduzca en un dolor crónico en la adultez?

Los traumas psíquicos, como un accidente de tráfico y la muerte del padre, y el sufrimiento somático guardan a veces una relación. El accidente que vivió Pierre de pequeño tiene consecuencias psíquicas y físicas en la actualidad, como reflejan sus dolores de espalda. El trauma psíquico se alimenta de la interacción entre la persona, el entorno y su historia vital. No depende de un perfil concreto de la personalidad, no importa quien lo sufra, sino que debe contemplarse como un choque violento o como una serie de pequeños asaltos repentinos para el equilibrio de la persona hasta que se produce la rotura. Por esta razón, el trauma psíquico se evoca cuando el accidente, la herida, la muerte o el atentado desborda la capacidad de procesamiento psíquico del sujeto, que es otra manera de decir que ya no es capaz de pensar o de dar sentido a lo que ha vivido.

El trauma psíquico presenta dos características. La primera es somática: la «sacudida» física corresponde a las consecuencias somáticas del suceso y de la angustia que provoca (temblores, sudores, etcétera). La segunda, propiamente psíquica, se denomina «experiencia del horror»: el sujeto afronta, de una manera brutal, la dimensión de su desgaste corporal y la perspectiva de su propia muerte o de otra persona. Este choque psíquico paraliza el pensamiento casi por completo.

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