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La salud mental de los inmigrantes en el siglo XXI

Las situaciones de estrés límite, el duelo migratorio y los obstáculos sociales y culturales a los que deben enfrentarse los inmigrantes constituyen un riesgo para su salud mental. Para ­prevenirlo, se requieren estrategias psicosociales específicas.

ISTOCK / LINEPHOTO

En síntesis

La migración no constituye per se una causa de trastorno psíquico, aunque se convierte en un factor de riesgo debido a dos variables principales: el estrés y el duelo migratorio.

En numerosos casos, la persona inmigrada que vive situaciones extremas desarrolla un cuadro reactivo de estrés. Destaca el síndrome de Ulises.

La intervención debe centrarse en la prevención sanitaria y psicosocial. Es imprescindible tener en cuenta las características culturales del sujeto.

La capacidad de emigrar constituye un recurso adaptativo muy importante de los seres vivos. En el caso de los humanos es, además, una de las características más relevantes de la especie y una de las mejores explicaciones de nuestro éxito evolutivo. En los poco más de 100.000 años que llevamos fuera de nuestra cuna africana, los Homo sapiens sapiens hemos sido capaces de adaptarnos a todos los hábitats de nuestro planeta, por extremos que fueran. Hoy, los humanos habitamos desde los desiertos más inhóspitos imaginables (pensemos en los tuaregs) hasta las zonas polares más extremas (inuits y siberianos), las selvas más impenetrables (los yanomanis del Amazonas) o las islas más remotas y aisladas (habitantes de la isla de Pascua). En apenas unas 7500 generaciones hemos demostrado nuestra gran capacidad para emigrar adaptándonos a todo tipo de entornos.

Dado que descendemos de seres que han emigrado con éxito a lo largo del proceso evolutivo y poseemos grandes capacidades de adaptación, se considera que la migración no es en sí misma una causa de trastorno psíquico, sino que es un factor de riesgo para la salud mental si se dan unas situaciones determinadas: la persona que emigra presenta una vulnerabilidad psíquica o física (no está sana o padece discapacidades) o las situaciones estresantes en el país de acogida resultan elevadas (el medio es hostil); o ambas condiciones juntas. Si alguien cojea, y cada vez se le pone el listón más alto, presentará un gran riesgo de sufrir problemas.

Desde la perspectiva psicológica, la migración presenta una serie de ventajas (entre ellas, el acceso a nuevas oportunidades vitales), pero también posee un lado oscuro protagonizado por dos variables principales: el estrés y el duelo migratorio (véase el recuadro «El duelo migratorio»). Estos factores influyen en que la migración se relacione con la salud mental: si las circunstancias, sean de tipo personal o social, resultan problemáticas, los beneficios disminuyen y acaban predominando los aspectos negativos. De esta manera, el duelo migratorio que no puede elaborarse crece y supera las ventajas de la migración, lo que conduce al inmigrante a una situación de crisis permanente que afecta a su salud psíquica.

Ahora bien, existen múltiples tipos de personas que emigran, por lo que las condiciones sociales y culturales varían mucho de unos a otros. Ello impide establecer una asociación simple entre la migración y el trastorno mental. Desde la perspectiva de la salud mental y la psicopatología se distinguen tres grandes áreas en relación con la inmigración: los trastornos mentales, los síndromes culturales y los cuadros clínicos relacionados con el estrés. Veámoslas más en detalle.

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