MANIPULACIÓN CEREBRAL

Modificar los recuerdos

Con medicamentos, electricidad o incluso luz. Los neurocientíficos estudian la posibilidad de borrar determinadas remembranzas del cerebro. Aunque ese propósito queda aún lejos para los humanos, los ensayos en animales dejan entrever un potencial, cuando menos, inquietante.

ISTOCK / CATSCANDOTCOM

En síntesis

Los neurocientíficos investigan el modo de manipular la memoria, tanto para borrar recuerdos como para aumentar la capacidad de memorización. Por ahora, los medicamentos y la estimulación cerebral solo permiten resultados limitados en los humanos.

En la experimentación con ratones se han conseguido alterar, a escala neuronal, las asociaciones aprendidas por los animales. La posibilidad de aplicar estos métodos en las personas se antoja todavía lejana.

Aunque la manipulación de la memoria humana a partir de técnicas neurobiológicas resulta hoy por hoy rudimentaria, los investigadores ya discuten sus consecuencias éticas.

El día de San Valentín, el tímido y solitario Joel conoce casualmente a la extrovertida Clementine. Enseguida se gustan, a pesar de sus personalidades opuestas. Todo apunta al inicio de un maravilloso romance. Sin embargo, la historia toma un cariz inesperado. No es la primera vez que se ven: habían sido pareja tiempo atrás, pero no lo recuerdan. Después de una pelea, Clementine dejó que borrasen de su cerebro toda huella de la relación. Joel siguió su ejemplo. Reunió cada uno de los objetos que le recordaban a Clementine y los llevó a un médico, quien, a partir de esa información, trazó una cartografía neuronal de las conexiones correspondientes en el cerebro del chico, y la suprimió.

Ficción pura, este argumento pertenece a la película hollywoodense ¡Olvídate de mí! (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, en Hispanoamérica). Sin embargo, los avances en la investigación cerebral de los últimos años permiten sospechar que no nos encontramos tan lejos de conseguirlo. Aunque los neurocientíficos todavía no pueden borrar conexiones cerebrales complejas responsables de los recuerdos, desde hace años trabajan para anular algunos contenidos de la memoria.

Marijn Kroes y sus colaboradores de la Universidad Radboud intentaron ese objetivo con ayuda de electrochoques, según publicaron en 2013. Las 42 personas incluidas en el estudio sufrían una depresión mayor. Aunque la terapia mediante corrientes eléctricas aplicadas sobre el cráneo no goza de muy buena fama entre los profanos, a veces supone la última esperanza para tratar los trastornos depresivos graves [véase «Terapia electroconvulsiva», por Sarah Kayser y Thomas E. Schläpfer; Mente y Cerebro n.o 69, 2014]. Se pidió a los participantes que visionaran dos series de imágenes. La primera mostraba un accidente de tráfico; la segunda, una agresión física. Como siguiente paso, los investigadores solicitaron a los probandos que recordaran una de ambas series. Para ello, les mostraron de nuevo parte de la correspondiente colección de instantáneas. Después, anestesiaron a los pacientes y les aplicaron descargas eléctricas.

El ensayo se basaba en la siguiente teoría: cada vez que evocamos un contenido de nuestra memoria, su representación neuronal se desestabiliza. Ello nos permite corregir, completar o modificar recuerdos. Junto a la primera consolidación de un recuerdo existe la llamada «reconsolidación». Se trata de un proceso bioquímico semejante al anclaje original en la memoria a largo plazo. En ambas fases, el recuerdo puede manipularse desde un ámbito neurobiológico. Los investigadores querían aprovechar este fenómeno. Al parecer, lo lograron: los pacientes mostraron al día siguiente grandes vacíos en el recuerdo de la historia que se les había refrescado antes de la sesión de electrochoques.

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