Facultades mentales y envejecimiento

El envejecimiento no es una maldición: nuestro cerebro compensa muchas deficiencias asociadas a la edad.
Martín y su abuela Dulce asisten dos veces por semana a un curso gratuito de alemán en la Escuela Oficial de Idiomas. Después de la clase la mujer invita a su nieto a una cafetería. Departen sobre sus avances. "Me parece estupendo, le alaba la septuagenaria, que hayas captado en seguida los problemas gramaticales de la clase de hoy. Yo necesito más tiempo, sobre todo si no veo relación entre la expresión y la norma general." A lo que el adolescente replica: "Bueno, sí, pero tú andas sobre seguro y no cometes tantos disparates". Y van ensartando ejemplo tras ejemplo sobre ventajas y desventajas mutuas.
¿Y si cambiaran los papeles? Martín tendría que hacerse a la idea de que, con la edad, algunas funciones operan a un ritmo más lento. Iría perdiendo presteza en su percepción de los tonos, las imágenes o los olores. Su memoria retendría con más dificultad las nuevas informaciones. Vería disminuir su capacidad de recurrir a los recuerdos precisos y de situar las nuevas informaciones en un contexto mayor. Le costaría más concentrarse y mantener la atención. Reaccionaría con mayor lentitud; le llevaría más tiempo aprender nuevos vocablos. Martín hallaría muchos problemas para resolver tareas que requieren una comprensión y una ejecución rápidas.

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