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Significado evolutivo del fracaso amoroso

Cuando una relación amorosa se quiebra, nuestra vida sentimental se sale de quicio. Suplicamos, amamos, odiamos y, sobre todo, sufrimos. Lo sorprendente es que, desde un punto de vista biológico, esta caída vertiginosa encierra un significado evolutivo.

Miedo, rabia y desesperación: la mayoría de nosotros conocemos de sobra los tormentos del fracaso amoroso. La ruptura nos oprime psíquica y somáticamente. A menudo nos bloquea durante semanas o meses. Sin embargo, desde el punto de vista biológico (de propagación de la especie), tendría más sentido buscarle sin dilación un sustituto. ¿Por qué no ha encontrado el hombre un método para no acusar un romance fracasado?

Quizá nos aproximemos a la respuesta adecuada si dirigimos nuestra atención al comienzo de la pasión: el enamoramiento. Desde el punto de vista evolutivo, su utilidad parece clara; nos concentramos por entero en una persona que seleccionamos para el apareamiento, sin derrochar tiempo ni energía en cuestiones secundarias. Pero, ¿qué procesos tienen lugar en las mentes de los enamorados?

En 1996 Lucy Brown, de la neoyorquina facultad de medicina Albert Einstein, Arthur Aron, de la Universidad estatalde Nueva York, y la autora decidieron abordar la cuestión. Recurrimos a la tomografía de espín nuclear funcional, técnica que nos permite seguir un cerebro en actividad. Durante el tiempo que estaban tumbados en el tubo del tomógrafo nuestros voluntarios contemplaban alternativamente una foto de su persona amada o la imagen de una persona conocida con la que mantenían una relación neutral. Entremedias, y para que desconectaran de estos temas, tenían que resolver una tarea cualquiera, al objeto de relajar su carga emocional. Comparando los resultados, se comprobó que durante la contemplación de la persona amada había dos zonas que se activan con particular intensidad: el nucleus caudatus y el área tegmental ventral (ATV), en el mesencéfalo.

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