Tartamudez y logoterapia

La charla distendida y fluida le resulta imposible a un tartamudo. Pero la investigación va descubriendo las raíces neurológicas y abre la esperanza de nuevos tratamientos.
Según afirman sus progenitores, la tartamudez comenzó a los tres años, cuando el automóvil ardió. La familia sufrió un grave accidente en su viaje de vacaciones al chocar con otro e incendiarse los dos a consecuencia del golpe. Aun cuando ya nadie cree que la desgracia fuera el de­sencadenante, desde entonces las palabras han resultado un obstáculo para Gerardo Gómez. A sus 40 años, todavía solicita espaguetis en el restaurante, cuando a él lo que en verdad le gusta es una pizza "caprichosa". Pero, y ahí se esconde la razón, es incapaz de pronunciar palabras que empiecen por un tono explosivo como "ca".
El habla es un proceso de precisión exquisita. En cuestión de milisegundos, nuestro cerebro controla el aparato fonético para que produzca los sonidos necesarios. Los músculos de la laringe, la lengua o los labios operan con exactitud, mientras la respiración emerge, dosificada, de los pulmones. Para la mayoría de las personas basta con abrir la boca para emitir un torrente de palabras perfectamente ordenado.

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